VOLUNTARIADO
REVISTA Nº 139 – JUNIO 2020

Voluntariado: una lección que se aprende

Una de mis experiencias como profesor es lo mucho que se puede aprender de los alumnos. Este fue el caso de Laura, que hacía voluntariado en el Hospital San Juan de Dios de León. Me considero un afortunado: tengo una familia estupenda, grandes amigos, disfruto con mi trabajo y desarrollo proyectos que me hacen ser feliz.

Entre ellos no estaba el de hacer voluntariado. No tenía nada en contra, pero como nos pasa a tantas personas, pensaba que no tenía tiempo para más. Aun así, la experiencia de Laura despertó mi curiosidad y me acerqué por el Hospital de San Juan de Dios para tener más información.

El segundo eslabón en esta historia se llama Rosa. Ella me recibió como coordinadora de voluntariado, me acompañó en la visita a algunos enfermos y me explicó en qué consistía esta actividad.

El objetivo no era desarrollar labores sanitarias, que exigen la profesionalidad de los que saben y se dedican a ello.
Nuestro papel era acompañar a enfermos solos o con escasa compañía. Escucharles, ilusionarse con su vida y sufrir su enfermedad. O velar sus silencios.

Llegamos a la cuestión de la escasez de mi tiempo y Rosa no le dio importancia, no me descartó. Dejó que fuese haciendo lo que pudiese y que el “veneno” del voluntariado fuera cautivando mi ilusión. Que descubriese que sí podía tener un tiempo y que la actividad lo merecía.

Rosa no quiso convencerme. Dejó que el Hospital de San Juan de Dios, que las personas que allí trabajan, las que allí viven, sanan o mueren lo hicieran.

Ya son cinco años de colaboración, con la interrupción de unas semanas durante los veranos y esta cuarentena obligada por el Covid-19.

Es mucho más lo que he recibido que lo que yo haya podido dar. No ha habido día en que no saliese del hospital de mejor ánimo que a la llegada, con la ilusión renovada y los problemas -de una sociedad tan saturada de lo efímero- relativizados.
Rosa me explicaba que no era necesaria la fe cristiana para participar. Yo tenía esa fe, pero estos años de Hospital me han sumado mucho. He entrado en habitaciones a visitar enfermos y he salido dejando amigos.

He aprendido a reír y a llorar con alegrías y penas que no eran las mías. He experimentado que las personas valen mucho más que las cosas.
He descubierto el significado de la enfermedad y de la vejez en la sociedad de la eficiencia. Y que un hospital puede ser una familia. Y que las penas pueden hacer crecer la alegría. He visto que Dios vive en un hospital.

Por todo esto, quiero agradecer a San Juan de Dios todo lo que ha hecho por mí convencido de que muchos otros voluntarios me acompañarán en este agradecimiento.

Pedro Álvarez Sánchez de Movellán
Profesor de la ULE y voluntario
Hospital San Juan de Dios