un sostén emocional para los pacientes ingresados
VOLUNTARIADO

REVISTA Nº 140 – SEPTIEMBREE 2020

Un sostén emocional para los pacientes ingresados

Dicen que la enfermedad nos iguala a todos los seres humanos. Es una condición en la que las diferencias se diluyen. Y eso humaniza. Toñi Expósito se enfrenta desde febrero de 2017 a ella todos los lunes y los viernes en el marco de una labor de acompañamiento a la que estará eternamente agradecida. Porque el voluntariado salva y transforma vidas. Incluida la suya.

“Es un baño de realidad”, asegura una mujer que a veces, a sus 68 años, se tiene que poner una máscara de fortaleza para no venirse abajo. “En alguna ocasión he salido llorando”, reconoce tras abandonar una de las habitaciones con el corazón encogido.

Dentro de ella, José hila un discurso sereno frente a Toñi. Se confiesa “cansado”, pero “tranquilo” y dispuesto a echar una mano: “Si yo puedo hacer algo por ti, cuenta con ello”. Y es que, según argumenta al hablar de ese lugar al que “supuestamente” vamos, “tanto das, tanto recibes”.

Lidiar con el desánimo no es sencillo. Pero trata de hacerlo desde la empatía, la escucha y el respeto. También a las medidas de seguridad para evitar contagios por el Covid-19, el virus que ha puesto en jaque al mundo.

“Nunca me había planteado hacer voluntariado, pero vine a San Juan de Dios con una amiga que quería informarse y acabé apuntándome”, señala Toñi.

Extremeña de nacimiento, aunque leonesa de adopción, esta cocinera jubilada recorre los pasillos con una palabra amable siempre en la boca.

Rosario tiene 80 años y ha perdido la cuenta de los días que lleva ingresada. Le preocupa que alguien haya avisado a alguno de sus hermanos. “No he podido hablar con ellos”, explica con tintes de inquietud.

“Que sea lo que Dios quiera”, asegura poniendo en duda su recuperación. “Poco a poco mujer, tienes que pensar en positivo”, le traslada Toñi, que echa mano de la psicología para intentar que los pacientes no se derrumben. Sobre todo, cuando la soledad se torna forzosa.

En la habitación de al lado, Asunción está a la espera de un alta que se ha retrasado por la anemia que padece tras someterse a una cirugía de rodilla. “A ver si tiramos para adelante”, indica una mujer con varias intervenciones a su espalda. La penúltima, hace tan solo un año, tras una fractura de cadera.

La osteoporosis no perdona. Y los dolores se sobrellevan con resignación. “Debemos poner todo de nuestra parte”, le revela Toñi que se aferró al voluntariado tras perder a uno de sus hijos.

“Necesitaba hacer algo con mi tiempo”, afirma “feliz” de haber tomado la decisión de acercarse a quiénes están pasando por momentos complicados. Además, en el Hospital, al margen de sentirse “más que realizada”, se lleva “algún que otro piropo”. “Hay pacientes, pese a su situación, con mucho humor”, según celebra.

Toñi Expósito
Voluntaria
Hospital San Juan de Dios de León