VOLUNTARIADO

REVISTA Nº 126 – MARZO 2017

To be or not to be…

… that is the question. ¡Cuántas veces habremos oído estas palabras que pronuncia Hamlet mientras sostiene la calavera de Yorick entre sus manos! Shakespeare supo expresar con pocas palabras un interrogante de vital importancia para cualquiera de nosotros, un interrogante que debiéramos hacernos en más de
una ocasión a lo largo de nuestra vida.

En estos tiempos tan cambiantes que nos ha tocado vivir, en los que cada cual vive inmerso en su propia burbuja, resulta necesario que los voluntarios y voluntarias
se hagan esa pregunta: Ser o no ser, esa es la cuestión.

Abandono del voluntariado

Ser o no ser voluntario va más allá de la actividad que una persona voluntaria desempeña en un centro hospitalario. A menudo oímos a voluntarios decir que hacen algo porque les apetece, porque se sienten bien dando de su tiempo por los demás. Hay voluntarios que participan de la vida de los centros con una visión  cortoplacista: “estoy aquí mientras… hasta que…”, poniendo la voluntad propia por encima del compromiso adquirido.

Este aspecto se aprecia principalmente entre la gente más joven que sueña con un mundo más justo, pero que vive ahogada en las prisas y en otras ocupaciones como los estudios o la inserción laboral. Esta realidad les empuja a abandonar el voluntariado. Junto a este grupo de jóvenes encontramos a las personas mayores que cargan sobre sus espaldas muchos años de vida entregada al servicio de los demás, muchas están cansadas y viven con preocupación la falta de personas que tomen el relevo. A todas ellas, jóvenes y mayores hay que motivarlas, apreciarlas y reconocerlas su ser en el mundo, su estar en nuestros centros.

Motivación del voluntario

Como dice Luis A. Aranguren, vivimos en una sociedad en la que la sospecha frente al otro diferente se acrecienta, donde el miedo impone sus normas y la seguridad se alza como ideología que nos protege de no se sabe qué. Los voluntarios son puente de convivencia entre personas diferentes, son puente para unir una sociedad sufriente que vive entre las paredes del hospital y una sociedad que no puede desentenderse del sufrimiento y de la dignidad de las personas. Ser o no ser, esa es la cuestión que han de plantearse también los centros de la Orden Hospitalaria. Un centro de San Juan de Dios ha de ser casa de hospitalidad, de acogida sin reparo alguno a la persona voluntaria, porque como cualquier otro profesional contribuye a la humanización de los ambientes hospitalarios.

Centros de la orden

Los centros de San Juan de Dios han de ser nuevos espacios en los que se establezcan formas enriquecedoras de comunicación, han de favorecer la participación del voluntariado y su acción transformadora. Nuestros hospitales han de perseguir que en lugar de tener numerosos voluntarios 20, 30 ó 40-, sean “mucho” en lo que a la calidad humana se refiere y que tanto su acción como su ser concurran en la coherencia concretada en códigos éticos. La humanización de nuestras relaciones y de nuestros hospitales ha de ser el criterio de actuación del voluntariado y de los profesionales, de manera que unos y otros sean movidos por el sentido de la dignidad de cada persona –la atendida, la voluntaria y la profesional–.

Roberto García Sáenz del Burgo
Coordinador de Voluntariado
Hospital Psiquiátrico San Juan de Dios
Arrasate-Mondragón