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VOLUNTARIADO
REVISTA Nº 134 – MARZO 2019

El papel del voluntario en un siglo invadido por el frenesí

El voluntario del siglo actual es un mediador en una época dominada por la urgencia, la prisa y el activismo. La serenidad y la calma del voluntario es signo de otro modo de entender el tiempo.

La función del voluntariado no es resolver los problemas de la persona que atiende, sino hacerse compañero, acoger el llanto de quien está desanimado y participar en la alegría del que se siente bien por cualquier aspecto favorable que le ofrezca la vida.

Las personas enfermas o en situación de vulnerabilidad tienen heridas abiertas o cicatrizadas. El sufrimiento es parte esencial del ser humano. La relación de ayuda se basa fundamentalmente en el contenido de tres verbos: saber observar, saber escuchar y saber responder.

Son diferentes las motivaciones que tiene el voluntario, pero detrás de cada una está la humanidad. Independientemente de esta, cuando el voluntario entra a la acción, la propia motivación se va limando, purificando. Podemos entrar por un determinado motivo y observar durante la experiencia que es otro el que nos sigue empujando a realizarlo, aun así siempre está detrás de todo esto la persona.

No tenemos que perder de vista que el voluntariado es un fenómeno que interesa a todo el mundo, sin importar su rol social y personal, edad, profesión, cultura e ideología.

Hace unos años, los voluntarios eran grupos reducidos y con frecuencia procedentes de parroquias. Todo este paisaje del mundo del voluntariado ha ido cambiando muy rápido y de forma notoria en los últimos años. El cambio ha sido fuerte ya que las necesidades sociales y el compromiso de las personas es muchísimo más temporal que antes.

Cabe destacar que el voluntariado beneficia a la sociedad, y formar parte del mismo, beneficia a quien lo practica. Ser voluntario constituye, por tanto, una oportunidad única e irrepetible para descubrirnos a nosotros mismos, nuestras capacidades y nuestros límites, y para vivir el amor en el encuentro con el prójimo que sufre. Como decía Ben Carson: “La verdadera felicidad no se deriva de lo que obtenemos sino de lo que damos”.

Pero no solo nos vamos a quedar con esto. A todos los voluntarios les aporta beneficios incluso para la salud y sobre todo una enorme satisfacción personal.

No solo la presencia humaniza la cultura y la sociedad, sino que los voluntarios representan un enorme depósito de humanidad y esperanza que da sonrisas, enjuga lágrimas, ofrece solidaridad, alivia la soledad y acompaña los diversos viacrucis de quienes sufren.

Los hospitales se miden por criterios de eficiencia y de factores económicos donde estas cuestiones dejan a la cola el factor humano. Por eso es necesario poner al hospital como el espejo de la humanidad. Tendemos y tenemos que ser fundamentalmente hospitalarios, siendo la acogida y el primer resorte que un paciente encuentre y que los que vienen a curarse lo perciban desde el primer momento: una acogida cálida.

La acogida se transmite a través del personal de admisión, de los que atienden el teléfono, de la atención prestada en general en las plantas. Por lo que todos y cada uno de los que trabajamos en los hospitales, donde el débil está presente a través de la enfermedad, tenemos que ser hospitalarios y estar dispuestos a acoger.

Rosa M. Quintano
Coordinadora Voluntariado
Hospital San Juan de Dios de León