VOLUNTARIADO

REVISTA Nº 133 – DICIEMBRE 2018

El valor del voluntariado

Desde los comienzos de una gran historia tan larga como rica en acontecimientos que tiene la orden hospitalaria de San Juan de Dios, los voluntarios han sido un eslabón de la cadena muy importante para llevar a cabo sus tareas.

Aquí en la ciudad de León, la presencia de San Juan de Dios son 50 años pero esto es parte de una historia, es parte de un ideal, y parte de un carisma.

Cuando un carisma tiene tantos años de historia es porque Dios ha puesto en valor al hombre, y al hombre que sufre en cualquier contexto, y ahí ha estado dispuesto y atento Juan Ciudad.

¿Qué supone para nosotros en un siglo como el nuestro tan convulso en muchos ámbitos y tan vulnerable para el ser humano en general?

Nosotros tenemos que tener presente en todos los centros al ser humano como centro, y al que sufre, mucho más; es necesario para poder ver eso poder descentrarse uno mismo. Los voluntarios demuestran con su entrega, y su tiempo, que realmente dándose, invirtiendo tiempo, acompañando, y consolando aportas un poco de paz.

Estas reflexiones no tienen que caer en saco roto, tenemos que apostar y desgastarnos en ellas, no podemos perder la ilusión echando la mirada a una sociedad que está dañada por todos los lados y quedarnos en el lamento. Los voluntarios apuestan por ello, porque creen en ello. Tenemos que ser todos y cada uno de nosotros que escribimos la hospitalidad, como algo constitutivo en nuestros centros, portadores de la misma.

Los voluntarios realizan una tarea fundamental en las personas que lo están pasando mal, y solo la “presencia amiga”, esa presencia de acogida, de atender al otro, de vivir al lado del otro, de “estar” con el otro, de comprenderlo, de acompañarlo, es para la persona que recibe esa compañía un poco de luz.

Los voluntarios acogen, y para que eso produzca y dé sus frutos, ellos deben ser acogidos, porque al final todo es una cadena que reporta bienestar al paciente. Y sólo desde esta actitud salimos todos beneficiados. No podemos estar permanentemente viviendo en el “prejuicio”, no podemos sentarnos y decir “aquí no hay nada que hacer”. Un carisma no muere, sigue vivo porque es un don, es una donación que tenemos que entender.

Los voluntarios nos enseñan que hay días que quizá sus visitas no han sido productivas porque el paciente no está receptivo, o simplemente no se encuentra bien, incluso porque el “decrépito de la vida” le esté pidiendo otras cosas que a veces no entendemos o no están a nuestro alcance. Aun así, a pesar a veces de un panorama desolador, el voluntario está, el voluntario es, el voluntario intuye, el voluntario es importante para la persona que sufre.

Rosa M. Quintano
Responsable Voluntariado
Hospital San Juan de Dios de León