RECURSOS HUMANOS

REVISTA Nº 125 – DICIEMBRE 2016

La actitud y su efecto multiplicador

Hace unas semanas recibí un video resumen de una conferencia impartida por Víctor Küppers, este formador cree firmemente en las posibilidades que tienen todas las personas y en la importancia de las actitudes personales para desarrollar el potencial.

En su ponencia, reflexiona sobre la importancia de las actitudes partiendo del siguiente concepto, “las personas somos como bombillas con patas porque todo el mundo transmite, ahora bien, hay personas que van a 30.000 W y personas que van fundidas, a veces, conocemos a alguien y al cabo de tres segundos decimos
¡guau, ole, ole y ole, vaya espectáculo! y hay veces que conocemos a alguien y al cabo de tres segundos decimos no, llámalo feeling, llámalo química, pero esto sucede, las personas somos transmisores y receptores de sensaciones. Y ¿por qué es tan importante la actitud?, porque hay una fórmula que mide cuánto vales tú como persona, esa fórmula es V = [C+H] x A, donde C son los conocimientos, para todo en la vida hacen falta conocimientos, luego viene la H, la habilidad, la experiencia, que también cuenta y mucho, y luego viene la A, la actitud, lo importante de la fórmula es que la C y la H suman pero la A multiplica, tú no eres una persona grandísima por tus conocimientos o habilidades, eres una persona grandísima por tu manera de ser.”

Las actitudes marcan la diferencia

En las organizaciones, normalmente, las actitudes son las que marcan la diferencia, para bien o para mal. El talento por sí sólo no basta para conseguir resultados extraordinarios, hacen falta además buenas actitudes. De otro lado, el efecto multiplicador de las actitudes también puede ser negativo y cuando talento y malas actitudes se combinan el fracaso está garantizado, porque las malas actitudes, además de perjudicar a quienes las practican, se contagian con una rapidez extraordinaria perjudicando a las personas que se encuentran a su alrededor y a la propia organización.

Cuando hablamos de actitudes, el principal problema es la subjetividad y, mientras que identificar una buena actitud suele resultarnos sencillo, no siempre es fácil detectar una mala actitud, sin embargo, sí existen comportamientos asociados a una mala actitud. Por ejemplo, John C. Maxwell en su libro ‘Las 17 Leyes Incuestionables del Trabajo en Equipo’ señala que la mayor parte de las malas actitudes son consecuencia del egoísmo y cuando explica su ley número 8 identifica las seis malas actitudes más habituales: la incapacidad para admitir que se ha actuado mal, la falta de perdón, la envidia, la ausencia de espíritu crítico, la enfermedad del yo y el deseo de acaparar todo el reconocimiento.

La actitud influye en todo lo que hacemos

En cualquier caso, la actitud, buena o mala, influye en todo lo que hacemos, determina cómo nos ven y nos relacionamos con los demás, pero no siempre sabemos cómo conseguir una buena actitud, pues bien, volviendo a la presentación de Víctor Küppers, nos explica tres cosas comunes a las personas que van a 30.000 W:

  • No ser un desequilibrado: descubrir lo importante, encontrar el equilibrio entre lo personal y lo profesional, porque cuando tu vida personal funciona bien tienes más energía para afrontar los retos profesionales.
  • No ser un llorón: no utilizar como excusa lo que no puedes controlar para dejar de hacer lo que sí puedes controlar, dejar de pensar en términos de “es que” para pensar en “yo qué voy a hacer”.
  • No ser un cenizo: ser agradecido, buscar ilusiones y desarrollar el sentido del humor, para recuperar la pasión, la ilusión y la alegría, la mente siempre va a lo que no funciona pero hay muchas cosas que sí funcionan y hay que valorarlas.

La actitud es necesaria para incrementar el potencial del equipo

No obstante, es muy fácil teorizar sobre las actitudes, lo realmente difícil es ponerlo en práctica, porque lo cierto es que las actitudes son la manifestación de nuestro ánimo, son personales, así que sólo nosotros podemos cambiarlas. Sin embargo, nuestro entorno puede funcionar como un facilitador o un freno a la hora de desarrollar buenas actitudes, por eso, las organizaciones, como parte del entorno en el que se desarrollan las personas, tienen un importante papel en el potenciación de las buenas actitudes a través de la implantación de medidas que las favorezcan, así, en el Hospital San Juan de Dios de León se llevan a cabo iniciativas que van en esta línea como son las políticas de conciliación reconocidas mediante el sistema de certificación EFR, la coordinación de actividades para fomentar el trabajo en equipo y favorecer al unidad, la creación de dinámicas de comunicación abierta y continua a todos los niveles, o la capacitación de los líderes a través de programas
de formación específicos que les ayuden a identificar y reforzar las buenas actitudes.

Del mismo modo que las malas actitudes son capaces de arruinar un equipo, las buenas actitudes son capaces de incrementar el potencial del equipo de manera exponencial gracias a su efecto multiplicador, por eso es necesario que como empresa definamos qué queremos, entrenemos a nuestros colaboradores en las prácticas necesarias para conseguirlo y establezcamos el entorno adecuado para poder desarrollarlas.

Mónica Redondo Arias
Responsable de RRHH
Hospital San Juan de Dios de León