RECURSOS HUMANOS

REVISTA Nº 142 – MARZO 2021

Gestionando el estrés

Estrés, un término en los últimos años en auge muy utilizado por todos y cada uno de nosotros, en muchos casos con más frecuencia de lo que nos gustaría. No cabe duda que vivimos momentos difíciles al vernos inmersos en una situación donde una pandemia mundial ha descolocado en mayor o menor medida todo nuestro mundo interior. Nuestras sensaciones, sentimientos, opiniones, estado de ánimo, miedos, dejándonos tan mareados interiormente como si estuviésemos montados en una montaña rusa de la que parece imposible bajarse.

Esta situación, sumada a otros factores que veremos a lo largo de este artículo, puede producir el famoso “estrés”; pero, aunque esta palabra siempre se utiliza en negativo, también veremos como no siempre es así. Para ir profundizando debemos partir de lo más esencial, que es definir en qué consiste la expresión “tener salud”, cuántas veces hemos oído decir a alguien “yo por suerte tengo muy buena salud, nunca me pongo enfermo”.

Lejos de lo que se pueda pensar, tener un buen estado de salud no se puede definir con esta simpleza de que se trata de la ausencia de enfermedad. Tener salud consiste en gozar de un estado físico, psicológico y social saludable, todo ello a la vez. En el momento en que hay una ausencia de uno de estos tres estados, aunque el sujeto no lo sepa, no posee buena salud, y esta ausencia no siempre es algo tan evidente como para que seamos conscientes de ello.

Sigmund Freud, creador del psicoanálisis definía la salud como “la capacidad que tiene una persona de amar y trabajar”. Por tanto, deducimos que en una persona que no goza de ella, sus capacidades de amar y trabajar estarían afectadas. Enlazando esta reflexión sobre la relación de la salud con el trabajo, la salud mental laboral es crucial, ya que es en gran parte la encargada de que estemos a gusto en nuestro trabajo. El estatus que nos damos a nosotros mismos influye mucho en nuestra autoestima. El trabajo nos da la oportunidad de estar activos y de quemar energía, sentirnos útiles y estructurar el tempo diario, ya que todos creamos rutinas sanas en torno a la vida laboral, aficiones, amigos, viajes etc.

Nos permite desarrollar nuestras expresiones creativas y nos hace sentir bien el hecho de ser participantes de producir bienes u ofrecer servicios que a su vez ayudan a otros.  Por otra parte, el ser humano es un animal social y en casi todos los puestos de trabajo se crean relaciones más o menos estrechas, ya que son muchas horas las que se está en contacto con otros trabajadores, influyendo en gran medida esta socialización  en nuestra salud mental.

Hace tiempo solamente se daba importancia a las dimensiones físicas y psicológicas erróneamente, ya que con el tiempo se ha demostrado en multitud de estudios que la dimensión social es tan importante como las otras dos, ya que necesitamos socializar para ser felices.

Volviendo al concepto en sí mismo del estrés se trata una respuesta general del organismo a determinadas demandas del entorno sobre él. Son reacciones del cuerpo como respuesta a esa demanda. Dicho de otra forma, el estrés es la forma que tiene nuestro cuerpo de defenderse de situaciones externas que le afectan, y mediante este “estrés” el cuerpo trata de adaptarse a la nueva situación para sobreponerse a ella y continuar. 

Para llevar a cabo esta adaptación, el organismo pasa por tres fases diferentes. En la primera de ellas, de alarma, las personas intentan hacer frente a la nueva situación y resolverla. La segunda etapa es la de resistencia. El trabajador se va adaptando al estresor, pero si dura mucho pueden aparecer enfermedades crónicas. Digamos que es en este momento donde si no somos capaces de hacer frente o sobreponernos a una situación que nos sobrepase en nuestro el entorno laboral, lo ideal sería informar a nuestro responsable de ello y no dejar que el estrés pase a la siguiente fase que es más complicada de gestionar. Cuando el organismo se cansa de luchar, la resistencia al estresor va desapareciendo y entramos en la tercera fase que es la de agotamiento e indiferencia, donde entramos en un bucle que puede llegar en casos extremos a producir cuadros agudos de problemas psicológicos.

Es importante destacar que el estrés no es siempre un concepto negativo. El estrés positivo o eustrés, que es fuente de bienestar y adaptación, estimulación y activación, nos motiva, anima, nos hace subir la adrenalina para tener ganas de hacer frente a nuevos retos. Mientras que, por otro lado, el distrés o estrés negativo da lugar a una adaptación errónea y que puede causar desequilibrios fisiológicos y psíquicos. El organismo tiende a buscar un estado de equilibrio y cuando aparecen los estresores que lo tambalean, el cuerpo humano comienza a generar cambios para adaptarse a estos estresores y poder superarlos. Por ello, en muchas ocasiones ni los percibimos como tal, sino como pequeños inconvenientes del día a día insignificantes. Es un mecanismo de autoprotección mental.

Desde la visión prevencionista, dado que el estrés depende de las condiciones psicosociales objetivas y de la interpretación que hace de éstas el trabajador, puede resultar conveniente la utilización simultanea de varios métodos de evaluación en algunos casos.  Es importante centrarse en encontrar cuáles son con exactitud los agentes estresores que están perturbando al trabajador afectado para poder intervenir sobre ellos e intentar disminuirlos o si es posible eliminarlos.

En el Hospital San Juan de Dios de León utilizamos los mejores instrumentos para poder prevenir y suprimir cualquier tipo de estresor que afecte negativamente a nuestro personal, de tal forma que pueda trabajar en el mejor entorno posible y así conseguir tener un buen estado de salud laboral tanto físico y psicológico como social.

Leticia Alvárez García
Recursos Humanos
Hospital San Juan de Dios de León