RECURSOS HUMANOS

REVISTA Nº 133 – DICIEMBRE 2018

El líder ¿nace o se hace?

La visión que un líder tiene de su entorno es uno de los puntos más importantes para una buena gestión, ya que debe compartirla con su equipo para que todos remen en la misma dirección y que los esfuerzos del día a día vayan dirigidos a la consecución de los mismos objetivos.

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Aunque siempre han sido puntos estratégicos para el entorno empresarial tanto el liderazgo como la gestión de equipos, la importancia que se le ha dado en los últimos años a estos dos conceptos está claramente en auge. Si bien es verdad que aunque todos intuimos a qué hacen referencia y nos hacemos una idea de lo que ambos conceptos esconden, si tuviésemos que definirlos en pocas palabras puede que titubeásemos.

Seguramente si mañana les preguntase uno a uno a todos los trabajadores del Hospital San Juan de Dios de León ¿qué significa para ti el liderazgo?, me encontraría con un inmenso y muy diverso abanico de respuestas, ya que aunque no tengamos claras todas las cualidades que un líder debe tener, sí que sabemos las que nos gustaría que tuviese.

Para sumergirnos en el mundo de la gestión de equipos es importante comenzar aclarando cuáles son los aspectos que un mando intermedio tiene que tener en consideración para poder poner en práctica ese liderazgo.

La visión que un líder tiene de su entorno es uno de los puntos más importantes para una buena gestión, ya que debe compartirla con su equipo para que todos remen en la misma dirección y que los esfuerzos del día a día vayan dirigidos a la consecución de los mismos objetivos, porque de lo contrario, la dispersión invadirá el grupo de trabajo y los resultados no serán ni los deseados ni los esperados. En cuanto a la motivación, siempre tan necesaria, es fundamental que sea una inyección que se aplique de forma continua y permanente en el tiempo. Saber cómo dirigir el potencial de los profesionales y canalizarlo hacia el lugar adecuado es la base de una sólida pirámide empresarial.

Por otro lado, ser exigente pero a la vez comunicativo y empático con los miembros del equipo que se dirige, ayuda a que el ambiente fluya en positivo. Dicho de otra forma, sentir por parte del inmediato superior el apoyo en la realización de las actividades diarias, la puesta a disposición de los medios y materiales necesarios, el reconocimiento a un trabajo bien hecho y la corrección de aquel que no cumple las expectativas, aporta al grupo confianza. Si los trabajadores no tienen esta sensación de protección y cercanía, de alguna forma se sentirán huérfanos y a la deriva en su puesto de trabajo.

También es necesario no perder de vista la productividad y la mejora continua mediante la apuesta por nuevos retos, asumiendo con ello la responsabilidad de dichas decisiones. Ser buen líder implica por una parte ver oportunidades donde otros no las ven, transmitiendo ganas e ilusión a los demás y por otra, asumir los resultados tanto los positivos como los menos acertados.

Entrando en la parte competencial, sin duda la más complicada a la hora de poner en práctica la gestión de profesionales, es importante destacar que el número de habilidades a desarrollar puede ser infinito, dado que en este ámbito no hay una meta o un límite de aprendizaje donde se pueda decir que ya se cuenta con todas las herramientas necesarias para ser el líder perfecto.

Una de estas competencias es adaptarse rápidamente a los cambios que sucedan, tanto de los miembros del equipo como de las funciones. Esta rápida adaptación aportará un plus a la normalización de la nueva situación. Por otra parte, una permanente visión estratégica así como poseer capacidad de análisis y saber optimizar los  recursos, puede hacer que un equipo de trabajo brille con luz propia, ya que identificar las fortalezas y amenazas que existen en el entorno, así como estar al día de las innovaciones y noticias en el sector, aporta indudablemente información muy valiosa en la gestión global.

Competencialmente es posible que saber delegar sea la parte más complicada para los gestores de equipos, ya que derivado de la seguridad que poseen en sí mismos y de la incertidumbre que les genera desprenderse de ciertas funciones, les puede causar algo de desasosiego, aunque sea necesario. La clave para seguir manteniendo el control es la supervisión. Supervisar el trabajo de los demás permite detectar errores y corregirlos o verificar que todo está correcto y percibir así que delegar es totalmente necesario y positivo, tanto para evitar sobrecarga laboral como para hacer partícipes a los demás. Esta situación favorece que se asiente el  sentimiento de grupo.

Sin duda una de las competencias más delicadas y sensibles es la gestión de conflictos dentro del equipo de trabajo. No solo es importante la forma de abordar el problema, si no que aun más importante es detectarlo antes de que surja. La clave para una buena gestión de estas situaciones es prestar atención a las señales previas. Un buen líder está en permanente alerta y  observación para detectarlas y tomar medidas antes de que el conflicto estalle.

En el Hospital San Juan de Dios de León somos muy conscientes de la gran importancia que tienen nuestros mandos intermedios y la forma en que ejercen el liderazgo sobre los equipos. Por ello consideramos que una buena formación en esta área les ayudará a la autogestión y a su posterior proyección en los demás. Por ello hemos impartido de la mano de grandes expertos en la materia el ‘Programa de Desarrollo de Líderes 2018’. Un programa creado exclusivamente para nuestros profesionales de 8 meses de duración dividido en tres etapas. Gestión clínico-financiera, competencias de un buen líder y simulación en grupo.

Volviendo a la pregunta que da título a este artículo, es tan importante aprovechar la virtud de una personalidad de líder, como tener presente que con ilusión y formación se pueden conseguir grandes logros que suplen determinadas carencias genéticas. Porque como dijo Albert Einstein “La mente es igual que un paracaídas, solo funciona si se abre”.

Leticia Alvárez García
Administrativo RRHH
Hospital San Juan de Dios de León