PASTORAL

REVISTA Nº 119 – JUNIO 2015

Pastoral de la salud: sí a la vida, aunque frágil

Desde hace ya algún tiempo, concretamente desde el siglo pasado, la Pastoral de la Salud ha hecho una opción radical y contundente por un SÍ a la vida, toda vida. Lo de frágil es porque la vida en sí es frágil y, en ocasiones, demasiado frágil y vulnerable, aunque siempre bella, hermosa y esencialmente grande.

He mencionado el siglo pasado al referirme a la opción del “sí a la vida”, no intentando borrar la historia de tantos años en los que los cristianos  han defendido la vida, la han cuidado, mimado y acompañado. Pues además, como canta Café Quijano “lo malo que tiene el pasado es que nunca lo puedes borrar”. En este mundo de la salud y lo sociosanitario de hoy, el pasado ha sido así. Podemos recordar los tiempos de las grandes Ordenes Religiosas inspiradas por Juan de Dios, Camilo de Lelis o San Vicente de Paul –entre otros muchos– que dieron un gran impulso para cuidar la vida cuando esta se había vuelto más frágil y se había instalado la enfermedad en el sitio que ocupaba la salud.

El “sí a la vida” de la Pastoral de la Salud arranca de una profunda reflexión de personas e instituciones que, poniendo su vida al servicio de la vida, amando profundamente el mundo hospitalario y habiendo caminado con todo lo que en él se mueve, no se conformaron con la rutina de una presencia. Las presencias de todo ese entorno tienen que dar vida a la vida y preñar la fragilidad de esperanza.

Para empezar una nueva andadura y dar ese impulso de esperanza, se detienen en el evangelio de San Juan (10, 10): “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Convencidos de la importancia de esta tarea se atreven a marcar unas grandes líneas por las que ha de caminar el futuro de la pastoral en el acompañamiento al ser humano y, especialmente, cuando este vive la experiencia de la vulnerabilidad.

La primera de esas grandes líneas es dar el paso de una pastoral de ayuda a “bien morir” –pastoral de muerte–, a una pastoral de ayuda a vivir sanamentecristianamente la salud, la enfermedad, la muerte y la asistencia –pastoral de vida– evangelizadora y de acompañamiento. De una pastoral de enfermos a una Pastoral de la Salud.

La pastoral de enfermos se había centrado, durante años y siglos, sobre todo, en ayudar al cristiano a bien morir, es decir, en lograr que muera  preparado habiendo recibido los últimos auxilios (sacramentos). En consecuencia, era una pastoral sacramentalista y ocasional en el momento cercano a la muerte.

A la vida de estos intrépidos luchadores en todo el entorno de la salud y la enfermedad habían llegado los aires del Vaticano II y de la nueva cultura y poco a poco fueron descubriendo nuevas perspectivas y caminos para esta pastoral. El ser humano necesita ayuda para bien morir, pero igualmente para vivir con sentido la salud que posee y/o busca, la enfermedad cuando se presenta en él o en sus allegados y la muerte cuando le ha llegado su hora.

Por ello, la pastoral ya no puede centrarse exclusivamente en el sacramento, como preparación para el más allá, sino en el anuncio de la Buena Nueva de Jesús de Nazaret para vivir con sentido esas grandes realidades de la existencia (salud, enfermedad, sufrimiento, deterioro y muerte) en el más acá, en el aquí y ahora.

Es un cambio no solo de nombre, sino de orientación y contenido. El objetivo de esta pastoral es hacer presente la fuerza humanizadora y salvadora que se encierra en Jesucristo. Sin descuidar la atención a cada persona enferma, esta pastoral tiene que estar al servicio de la salud. En el centro el ser humano, especialmente cuando su vida está marcada por la fragilidad de la enfermedad y el paso de los años, y en el horizonte la salud y la vida, entendida de manera integral y abierta a la salvación, para vivir la salud como la realización de la propia verdad de la vida, que aunque frágil, siempre bella.

Abilio Fernández García
Servicio Atención Espiritual y Religiosa
Hospital San Juan de Dios de León