PASTORAL

REVISTA Nº 123 – JUNIO 2016

¿Para qué?

Plantearme el para qué de la Pastoral de la Salud no es algo sin importancia. He actualizado la aplicación de la hospitalidad, la versión 3.0 y he introducido la clave correspondiente: misericordia, pero algo ha pasado que no funciona. Se bloquea la aplicación. Si con la clave de la misericordia no me funciona la
hospitalidad, para qué la Pastoral.

Creo que lo mejor que puedo hacer es dedicar un tiempo a revisar desde sus inicios el sistema operativo de la hospitalidad. San Juan de Dios es el creador de la aplicación, él puso el espíritu que han seguido hermanos y colaboradores a lo largo de la historia y que hoy supone el camino que cada uno de nosotros estamos llamados a realizar y dar valor en el servicio a los enfermos y necesitados.

No es una aplicación obsoleta y trasnochada, sino una herencia recibida, enriquecida y actualizada por la tradición, que hay que acoger con veneración, y actualizar con nuevas formas, con nuevo ardor, en nuevos lugares, con un carácter universal, en un mundo globalizado que la necesita y reclama.

He intentado buscar “soporte técnico” y me orientan hacia tres pasos importantes para resolver el problema. El primer apoyo que me ofrecen es mirar en los orígenes carismáticos y encontrar las claves evangélicas de la misericordia y la hospitalidad. Ahí aparece el itinerario espiritual que permite abrir la aplicación y disfrutar de las nuevas posibilidades de la App “Hospitalidad 3.0”

Juan de Dios empieza su camino descendiendo hasta lo más profundo de la miseria humana. Tras una serie de fracasos experimentó el vacío, especialmente cuando después de ser arrancado a los ocho años de sus padres, siente la nostalgia de volver a verlos, pero supo que habían muerto. Descubrió la inconsistencia de la vida, experimentó una profunda crisis espiritual, y emprendió con más ardor, entre lágrimas y deseos de paz y quietud, el camino que le llevara a encontrar la plenitud de Dios.

La encontró en Granada al experimentar que estaba entre quienes han perdido lo más estimable de la persona, la razón. Sentirse hundido en el pozo más hondo del desprecio y de la conmiseración, le recordó el camino recorrido por Cristo para conseguir rehabilitar a la humanidad: era necesario encarnarse en el mundo de la miseria humana, sufrir el desprecio de quienes se creen sabios y normales, para conseguir la rehabilitación de quienes recorren el camino de la enfermedad, la pobreza y la locura; era necesario hacerse uno más de su grupo, para mostrarles que también ellos son personas, hijos de Dios como él… y como todos.

Tengo la impresión que aquí he encontrado algo importante y, quizá el “todo” de la vida de Juan de Dios, lo que animó su vida para “encarnar cada vez con más profundidad los sentimientos de Cristo hacia el hombre enfermo y necesitado y a manifestarlos con gestos de misericordia”; “hacerse débil con el débil”; ser para él, signo y anuncio de la llegada del Reino de Dios”.

Ya tenemos el concepto clave: encarnarse en el mundo de la miseria humana. Se trata de la “misericordia”, eje de su carisma y espiritualidad. Es una forma de vida que regala “servicio humilde, paciente y responsable; respeto y fidelidad a la persona; comprensión, benevolencia y abnegación, compartiendo angustias y esperanzas.” Lo recogen las constituciones de la Orden y ha funcionado durante siglos.

Juan de Dios era misericordioso porque sentía que a él le habían regalado la misericordia, esa capacidad de comprensión, de compasión, de erdón, de ser constructor de reconciliación. Un regalo que le permitía vivir desde el ser, desde las actitudes positivas que producen armonía, desde el desarrollo de sí mismo, para ser facilitador de ámbitos de serenidad y de solidaridad.

De esta experiencia arranca la aplicación “hospitalidad” como herramienta útil y remedio para los muchos pobres que encontraba “por los portales echados, helados y desnudos y llagados y enfermos”. Pero, ¿qué es la hospitalidad?

La hospitalidad es, esencialmente, la capacidad de la persona de abrirse y acoger y reconocer al otro. Es el término que define la misión, el carisma y la espiritualidad de la Orden constituyendo su valor central. Además, es como una reacción ante la violencia, ante esas situaciones que manifiestan antagonismo entre nosotros y no somos capaces de vivir en paz, de encontrarnos como personas, lo que produce una violencia interior que nos hace preferir el conflicto, la lucha, la degradación.

Plantearse “para qué” la Pastoral de la Salud entre la familia hospitalaria, puede tener una respuesta sencilla, ya que se trataría de la “acción práctica” que recogiendo la historia de hospitalidad misericordiosa sacia la sed de espiritualidad que hay en nuestro mundo. Quizás no sea difícil descubrir esta sed. Puede ser tan sencillo como hacer un poco de silencio en tu vida, dejar todas las nuevas tecnologías a un lado y bajar al centro de tu ser.

Si lo has conseguido, dedica un breve espacio de tiempo a recorrer lo que te encuentras a lo largo de un día a tu alrededor. Descubrirás el para qué de la Pastoral de la salud, pues allí donde hay personas que sufren cualquier clase de enfermedad, marginación o exclusión social, allí donde hay una persona, se da el encuentro y es fácil percibir la necesidad de ofrecer una palabra, celebrar la presencia y servir con amor a personas concretas.

Abilio Fernández García
Servicio Atención Espiritual y Religiosa
Hospital San Juan de Dios de León