la hospitalidad, una quimera
PASTORAL

REVISTA Nº 140 – SEPTIEMBRE 2020

La hospitalidad, una quimera

He vuelto a Juan Ciudad, es decir, a la esencia de San Juan de Dios y a lo que él veía como realidad que para muchos era un sueño, una quimera. Lo he hecho al encontrarme, en estos tiempos de pandemia, con esa frase que suena bien pero que nos pasa inadvertida: “Ahora más que nunca, Hospitalidad”.

Me quedé pensativo, entre la duda y la inquietud y, en ese estado de reflexión y silencio, donde nada parece estar claro, ejercitas la paciencia y contemplas el entorno, miras alrededor y escuchas, porque el presente es la desembocadura de nuestro pasado.

En el pasado, Juan Ciudad, hablaba con esmero del sueño de su obra, de que era para cuidar a enfermos, pobres y menesterosos, siendo sumamente respetuosos, porque el ser humano es frágil y lo frágil se rompe fácilmente.

En esa mirada al entorno encontré un calendario de esos que llaman “de mesa” y que a finales de diciembre cuesta algún sudor conseguir. Sí, no lo pienses mucho, me refiero a ese calendario al que solo nos dirigimos para asegurar cuántos días quedan para el fin de semana.

El calendario recuerda los días significativos de la Orden y frases para llenar el año de hospitalidad. En ese calendario, ya desde el comienzo del año, se lee: “2020 San Juan de Dios, la hospitalidad que cuida”.

Entre una y otra frase y nuestra realidad, pienso: ¿Será una intuición carismática de la Orden? Se escribía a finales de 2019, por eso me pregunto el cómo y el qué de la hospitalidad que cuida.

En el mismo calendario hay una frase del Hno. Etayo (Superior General): “Hospitalidad es abrir permanentemente el corazón y la casa para acoger a quien sufre y está necesitado, con los mejores medios técnicos la mayor dosis posible de humanidad, haciéndoles ver que somos y estamos por y para ellos”. Continúa el escrito “es un regalo del Superior General y es la idea con la que nos identificamos en el ejercicio de nuestra misión”.

No sé tú, pero yo… No. Yo no lo entiendo, tengo que volver al pasado. El mundo en que vivió San Juan de Dios más bien estaba roto, por eso su sueño aparecía como una “quimera”. Intento buscar una definición y, por quimera se entiende “aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo” y también, “una creación imaginaria o irrealizable del espíritu, algo que se cree posible, pero en realidad no lo es”.

¡Qué panorama!, pero vamos a ser un poco serios, a tomarnos la vida con seriedad que el mundo se está rompiendo. Busco todas estas cosas porque no siempre estoy de acuerdo y callo. ¡Como pa´ callar! No puedo alimentar en mi vida la hospitalidad de San Juan de Dios como quimera, como un sueño y allá va. Más bien no callo y no puedo callar para no crear en el entorno una escuela de falsa realidad, porque sigo leyendo –la vida y el calendario de mesa– y dice: “lo hacemos teniendo la hospitalidad como valor destacado y prioritario”. No puedo estar de acuerdo, la hospitalidad no es un simple valor, es más que un valor, es el carisma, el carisma de la hospitalidad. No puedo afirmar que San Juan de Dios estaba equivocado, no puedo tirar tantos años de historia por la borda.

He intentado leer en los documentos de la Orden y me encuentro que “la hospitalidad es el término que define la misión, el carisma y la espiritualidad de la Orden y constituye su valor central. Para los religiosos de la Orden es también el cuarto voto por el que ofrecen su vida al servicio de los enfermos y necesitados, bajo la obediencia de los Superiores, incluso con peligro de la propia vida”.

Conocemos personas que son ejemplos cercanos de comprensión y vivencia del voto de la hospitalidad, quizás porque centraron su trabajo en estar muy atentos a las necesidades de los enfermos, necesitados y todas las personas atendidas en los Centros de la Orden y sus familias.

Necesito pensar en la hospitalidad, en esa “virtud que se ejercita con peregrinos, menesterosos y desvalidos, recogiéndolos y prestándoles la debida asistencia en sus necesidades”. Necesito pensar en la hospitalidad como “buena acogida y recibimiento que se hace a los extranjeros o visitantes”. Necesito pensar en la hospitalidad como “estancia de los enfermos en el hospital.” Son las tres definiciones de la RAE.

No sé si tengo fuerza para seguir manteniendo que la hospitalidad fue un sueño de San Juan de Dios y, por tanto, una quimera. Lo cierto y seguro es que San Juan de Dios en un mundo de dolor tuvo un sueño, para el mundo era algo irrealizable, pero él y su gente, su familia, la familia hospitalaria, tuvieron el arrojo a lo largo de los años de hacer realidad las esperanzas rotas.

El Hno. Etayo, en una entrevista a la revista Vida Nueva decía: “Nuestro carisma y nuestra misión es la hospitalidad y siempre hemos de estar preparados. La pandemia ha sido y es una emergencia, por tanto, para nosotros es un momento de emergencia carismática para dar lo mejor de nosotros mismos al servicio de los enfermos en esta situación tan difícil. Dicho de otro modo, es lo que llamo la hora de la hospitalidad…”

En este año hemos vivido una historia de sufrimiento. En nuestro corazón hay un trozo de mucho miedo y coraje que no puede inmortalizarse en el baile de la sentadilla para subirlo a la red, sino en una hermosa historia de solidaridad y ayuda, de dolor y esperanza, que ponen valor a la hospitalidad y hacen vida las palabras del Superior General: “Los enfermos son el centro de todos nuestros desvelos. Los hermanos y los colaboradores de la Orden han hecho lo posible y lo imposible por asistirlos con la máxima profesionalidad, humanidad respeto y dignidad”. Es la hora de la hospitalidad.

Abilio Fernández García
Servicio Atención Espiritual y Religiosa
Hospital San Juan de Dios de León