PASTORAL
REVISTA Nº 127 – JUNIO 2017

Hospitalidad sin cabeza

Como quien dice, el verano ya llegó. Seguramente nos ha acompañado alguna palabra de aquellas que calentaban tres inviernos o, al menos, algún pequeño rescoldo que nos haya permitido sobrellevar las turbulencias meteorológicas de los últimos meses.

Al escribir sobre los granos de la granada que formaban el corazón de la hospitalidad, que es la vida de la familia hospitalaria, no se de dónde me llegó esto de una “Hospitalidad sin cabeza”.

La idea me ha ido rondando una y otra vez. A veces de día y en ocasiones de noche, pero siempre con ese “rum, rum” en la cabeza de una hospitalidad sin cabeza. Como si de un “virus” informático se tratara, la idea seguía fija. Bueno, en términos informáticos lo denomina “bloqueada”. Y ahí seguía y sigue. ¿Qué hacer?

San juan de dios, vida a la hospitalidad desde la misericordia

Es verdad que solo se trataba de una idea que alguien había expresado, pero yo no podía quedarme como si nada me hubiesen dicho. Puede que sea la curiosidad, o quizás el amor propio. Total que me animé a retomar la Hospitalidad, convencido que era la forma en que San Juan de Dios dio vida a la misericordia. Vamos, que me he dedicado a leer y releer documentos de la Orden.

En ellos aparece que la Hospitalidad es el término que define la misión, el carisma y la espiritualidad de la Orden y constituye su valor central. Es más, para los religiosos de la Orden es el cuarto voto por el que ofrecen su vida al servicio de los enfermos y necesitados, incluso con peligro de la propia vida. Esto es muy fuerte, aunque solemos decir más ¡qué fuerte! No puedo seguir con los brazos cruzados, tengo que seguir buscando y profundizando.

Misión de la orden: hospitalidad

Parece que la característica principal de la misión de la Orden es la Hospitalidad que se basa en la vida y obra del Fundador con una cita que no puedo menos de reflejar: “Sus actitudes hospitalarias sorprendieron, desconcertaron, pero funcionaron como faros para indicar caminos nuevos de asistencia y humanidad hacia los pobres y los enfermos. De la nada creó un modelo alternativo de ser ciudadano, cristiano, hospitalario a favor de los más abandonados. Esta Hospitalidad profética ha sido una levadura de renovación en la asistencia y en la Iglesia. El modelo juandediano ha funcionado también como conciencia crítica y guía sensibilizadora para actitudes nuevas y prácticas de ayuda hacia los pobres y marginados”.

Tengo la intuición de ir entendiendo un poco de la expresión “hospitalidad sin cabeza”, pero no me atrevo a tomar decisiones. En ocasiones me veo tentado a pensar que todos los que entran en relación con las obras de la Orden son los granos que forman la granada, o quizás solo quienes se sienten colaboradores, bienhechores, trabajadores, voluntarios… Sea como sea, lo cierto es que todos tienen la oportunidad de verse reflejados en ese hermoso corazón de la hospitalidad.

La cabeza al servicio del corazón

Cuando Juan de Dios contempla un mundo dolorido y necesitado, cuando encuentra a tanto pobre y enfermo, su corazón se duele y no puede menos que usar la cabeza, buscar medios y personas para reducir tanto sufrimiento. Nuestro mundo no está menos necesitado. Hay dolor y sufrimiento, distintos, pero hoy sigue doliendo la vida. Es posible que para este mundo, el nuestro, tengamos que usar la cabeza de la hospitalidad y dotarla de estructuras sólidas y funcionales que garanticen su inspiración, una inspiración que Juan de Dios descubrió en el amor misericordioso
de Dios y que con su amor comunicaba al enfermo y necesitado que era amado por Dios, que contaba para Dios, que era algo importante para el
mismo Dios.

Pero lo de Juan de Dios, en su Hospitalidad, no era ideología o doctrina, sencillamente puso la cabeza al servicio del corazón identificando aquellos caminos nuevos que daban respuesta al necesitado, huyendo de la mera imagen. También en aquella época había mucha imagen, sin embargo, la fuerza de la vida de Juan de Dios fue arrastrando vidas tras de sí, fue contagiando hospitalidad y fue creando una familia, la familia hospitalaria.

No usar la cabeza para la Hospitalidad, nos acerca a una hospitalidad sin cabeza. Pero no, porque ser parte de la familia hospitalaria es estar introducidos en los valores de la Orden para que en sus centros se perciba su carisma, única manera de garantizar el bienestar de las personas atendidas.

Impacto de la hospitalidad

Con nuestra cabeza para la hospitalidad, conscientes de la carga asistencial del carisma durante tantos años, viviremos la fidelidad y coherencia al carisma ofreciendo al mundo una hospitalidad con cabeza. La hospitalidad se proyectará sobre el mundo como las olas que deja una piedra lanzada a la superficie de un estanque. Será el valor central, nuestro valor fundamental para acoger a las personas vulnerables por las circunstancias de la vida.

Del impacto de la hospitalidad al chocar con el mundo irán apareciendo las ondas que ella irradia:

• Respeto, contemplando la dimensión humana en el centro de nuestra atención.

• Responsabilidad ante y hacia los pacientes, el medio ambiente y los ideales de San Juan de Dios.

• Calidad hecha excelencia profesional en la atención integral al paciente, ofreciendo medios técnicos, humanos y espirituales que necesite.

• Espiritualidad hacia y para todos los usuarios, pacientes y familiares, profesionales, creyentes o no, de una u otra religión

• Evangelización, fragmentos en los que el entorno perciba, en el corazón de la hospitalidad, la ternura del mismo Dios.

Abilio Fernández García
Servicio Atención Espiritual y Religiosa
Hospital San Juan de Dios de León