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REVISTA Nº 153 - DICIEMBRE 2023
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Danza para la paz

Nos acercamos al final del año y la idea de que “todo volverá a ir bien” parece que es la que lleva el ritmo de la vida, aunque no dejan de aparecer en el recuerdo las cosas del pasado, esas que volvemos a pasar por el corazón, necesarias sí, pero que siguen tiñendo la vida de colores tan diversos que la vida misma no acaba de encontrar su ritmo. 

No me resigno a que el mundo deje de soñar, porque lo humano necesita seguir soñando. No podemos consentir que la vida aplaste nuestra ilusión. Sigue siendo bonito lo que quede por llegar. Si el pasado nos aplastó y en el presente buscamos fuerzas para sacar la cabeza a la superficie, el futuro ha de ser esa realidad que nos hechiza. 

Una mirada al espejo evidencia en nuestro rostro la existencia de dos ojos, dos oídos y una sola boca. Dicen los que entienden que es para que observemos más, escuchemos más y hablemos… un poco menos. Es muy sabio mirar alrededor y escuchar, así lo canta Kairoi. Después quizás se pueda hablar. Mirar alrededor y escuchar, mirar en el presente, con el pasado en el recuerdo y la mirada en ese futuro que nos hechiza. 

Antonio Orozco, en una mirada al pasado cantaba ‘Entre sobras y sobras me faltas’. Han faltado muchas cosas, una caricia vieja y puede que una noche sin dormir (con lo que enseñan), pero a veces la vida no atiende a razones. Faltaron los abrazos y sobró incapacidad e incertidumbre para ver más allá. ¡Cuánto nos faltó y cuánto nos sobró! Lo canta Antonio Orozco en su canción y está bien, es bonita, o al menos a mí me gustó. 

No podemos quedarnos ahí y, después, escuchar a José Luis Perales para cantar ‘Buenos días tristeza’, que también es bonita y seguramente real. Lo malo es si nos coloca en el pasado y nos paraliza el presente, aunque también ofrece pistas para un futuro hechizador. 

Perales canta el día que llegó la tristeza a su casa, cómo dejó su equipaje en un rincón, puso la mirada sobre él y se instaló en su sillón. En la noche escuchaba el cruzar de puntillas por el salón y, en la mañana, la siente instalada en su corazón. Al despertar, con educación, dirige un saludo y comienza el diálogo: “Buenos días tristeza, siéntate junto a mí, cuéntame si conoces a alguien que sea feliz. Dime como se llama, pero nunca me digas que su nombre es amor”. 

Continuo con la mirada en el pasado, recogiendo enseñanzas de vida, tanto las que en el dolor aparecía la lágrima, como aquellas otras rebosantes de alegría. Contemplar la vida como un libro en el que cada capítulo tiene su enseñanza y, al repasarlo, vuelvo a aprender de nuevo y a recordar lo aprendido. En ese pasado está Olga Bejarano y su libro ‘Alma de color salmón’ o la vida de ‘Isidro’, y ‘Alexia’, las ‘Confesiones de una drogadicta de quince años’, ‘Con infinita ternura’… ¡hay tantos libros y tantas lecciones en cada capítulo!

Quisiera detenerme en uno que aún utilizo hoy: ‘Barco sin puerto’, ojear sus reflexiones y sus canciones; recordar aquella (‘Como hechiza el mar’) que cuenta y canta la vida de un marinero hechizado por el mar. El marinero trasmite una imagen tierna y la canción está empapada de su ternura. Conmueve la estampa del viejo pescador que todos los días se dirige al puerto para ver su barca, su mar, su faro… a pesar de que el cuerpo no responde, y que en casa está mucho más cómodo. Es la ternura de un hombre desvalido quien con sus torpes reacciones corporales expresa al mundo su ternura inconmensurable y fiel. 

Me ha llegado su recuerdo por el tema de “sobras” y “faltas”, de ausencias y presencias de la vida, de las risas y las lágrimas, de lo que tenemos y aquello que echamos en falta, porque sobre lo uno y lo otro interpretamos nuestra existencia y construimos nuestra vida. Experiencias en las que el amor se vuelve ternura cuando se ama a las criaturas débiles, frágiles, quebradizas. 

En estos contextos hay una danza para la paz, porque la danza es el movimiento del cuerpo, acompañado de esa música que le ayuda en la expresión e interacción social hecho arte y entretenimiento. Sucede en un tiempo y un espacio, con ritmos acompasados que expresan sentimientos individuales, símbolos culturales, sociales… La danza es una forma de comunicación de un lenguaje no verbal, rebosante de sentimientos y emociones a través de gestos y movimientos, envueltos en una hermosa pieza musical. 

Mientras busco esta danza para la paz intento rodearme de recursos en especialistas como José Mª Rodríguez Olaizola y sus lecciones de baile. Baila con la soledad, con el tiempo, con la vida. En él se pueden encontrar giros y partes melódicas para una danza para la paz. Me ha sorprendido que una de las partituras de sus bailes la haya compuesto con ‘Isidro’, vida que yo leí, pero que él vivió como un gran amigo de juventud fallecido a los 20 años. 

Recordar el pasado en el presente para un futuro que entusiasme. Nos hemos sentido frágiles y nuestra vida ha sido golpeada. Hoy tengo la impresión que la experiencia de la fragilidad, de ausencias y presencias nos han regalado las herramientas adecuadas para colocar en ese pentagrama las notas que sostengan y armonicen la melodía de la danza para la paz. 

Es la experiencia de la vida que nos da golpes de sinceridad para volcar afectos, vaciar soledades y abrazar vidas, porque en cada página el corazón se agranda, guarda nombres, memorias, abrazos y vivencias compartidas. Es la vida diaria que habla de compasión, misericordia, justicia, bondad o belleza… realidades que aparecen en el encuentro y se convierten en signos que apuntan más allá, donde el horizonte se expande y aparecen pequeños relámpagos de bondad que remiten al Amor, a la Hospitalidad, para que juntos, en Navidad, ofrezcamos la danza para la Paz.

¡No pasa nada!

¡No pasa nada!

Parecía que sí, pero no. Cada día lo veo un poco más complicado, aunque sigo buscando una danza para la paz. No quiero vivir resignado, aceptando rotos y llantos, escuchando sollozos y abrazando ausencias sin saber hacerlo. He seguido hablando con Anahís y en alguna...

En la danza, el sollozo de Anahís

En la danza, el sollozo de Anahís

Los días corren, pero las realidades se agarran al corazón y la cabeza sigue centrada en una danza para la paz. Lo sueña como un estado entre el deseo y la realidad, entre el anhelo de vivir una quietud pacifica y el movimiento lento y costoso de seguir haciendo vida,...

Todo volverá a ir bien

Todo volverá a ir bien

Durante un tiempo siguieron acompañándome Antonia, Viki y Manuela. Seguía la idea de acariciar, predominaba el sentimiento de sonreír y, emocionado, caminaba agradecido con fuerzas para promover la “artesanía del cuidado”. Con la cabeza llena de ideas, decidí dejarlo...

Acariciar, sonreír, agradecer…, verbos del cuidar

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Sin olvidar los lugares de ternura, y pendiente de reinventar nuevas máscaras, nuevos rostros de presencia para trasmitir serenidad y esperanza, van apareciendo posibles acciones que ofrecen a la vida coraje, el coraje de cuidar. Ha pasado ya un tiempo, pero el...

Espacios “con” o “sin” máscaras

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Seguí un tiempo pensando en los lugares de ternura. Al recorrerlos era hermoso contemplar caras, rostros, personas, vida… Lugares de ternura en tiempos de ternura donde se hace real el sueño de Dios para la humanidad, ese sueño que San Juan de Dios intuyó como posible...

Lugares de ternura

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Al final del verano me cuestionaba si ante el necesitado y frágil optaba por el stop (para y atiende) o existían otras posibilidades. Buscando más opciones, quizás evitando el compromiso, llegué a la rotonda de San Juan de Dios, con cuatro salidas que van a un lugar...