OBRA SOCIAL
REVISTA Nº 128 – SEPTIEMBRE 2017

¿Caridad o justicia social?

Uno de los términos más repetidos en las cartas que se conservan de San Juan de Dios es la palabra caridad.  A Luis Bautista le dice «tened siempre caridad»; a Gutierre Laso le pide «humildad, paciencia y caridad» y a la Duquesa de Sesa le explica que la caridad es la madre de todas las virtudes empleando una frase muy reveladora: «como el agua mata al fuego, así la caridad al pecado».

Hay que tener en cuenta que estas cartas tienen más de 400 años y que San Juan de Dios necesitaba pedir limosna para poder atender a los enfermos, puesto que no existía la seguridad social ni los servicios sociales.

Hoy en día, sin embargo, la palabra caridad ha caído en desuso. Más aún, su utilización está incluso mal vista por algunos sectores de la población que entienden que la caridad es algo negativo, pues supone la división de las personas en dos grupos, los que ejercen la caridad (personas buenas y ricas) y los que reciben esa caridad (los pobres), quienes se convierten así en una especie de objeto cuyo fin es que el otro se sienta bien. En este escenario, es preferible hablar de justicia social.

Según el diccionario de la RAE, en su primera acepción, la caridad es la «actitud solidaria con el sufrimiento ajeno», mientras que la justicia es «el principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece». En definitiva, desde mi punto de vista, cuando una persona hace algo bueno por otra, a la que no conoce de nada, lo de menos es si se mueve por caridad o por justicia social. Lo importante es que lo hace. Y conseguir que esto suceda es lo que pretendemos los miembros de la Comisión de Responsabilidad Social del hospital. Nuestro objetivo es lograr que quienes tienen más tiempo libre, más dinero o más ideas, los empleen para beneficiar a quienes tienen menos. Y algunas veces, ocurre.

Durante este trimestre hemos llevado a cabo un proyecto de inserción socio-laboral con mujeres desempleadas y en situación o riesgo de exclusión social. Quince mujeres han participado en las actividades previstas en el proyecto, que consistían básicamente en un taller grupal de 30 horas de duración y un seguimiento posterior e individualizado de cada una de ellas, mediante tutorías personales con un orientador laboral. Los resultados cuantitativos han sido alentadores: tres mujeres lograron un puesto de trabajo durante su participación en el programa y el 92% valoró
la experiencia como buena o muy buena.

Sin duda, lo más destacable es esto: tres mujeres, que lo tenían difícil, obtuvieron un puesto de trabajo; además, todas ellas ampliaron su círculo de relación, mejoraron su estado de ánimo y su nivel de empleabilidad y alcanzaron una mayor autonomía personal. Pero se han producido algunos beneficios colaterales: Julio, el orientador laboral contratado para las tutorías, consiguió lo mismo. Dos entidades, el Ministerio de Servicios Sociales y el Banco Sabadell se implicaron en el proyecto, otorgándole financiación. Y dos compañeras, Mónica y Alicia, colaboraron en la impartición del taller siendo partícipes imprescindibles de su éxito.

Por ello, para mí, la respuesta al título de este artículo es sencilla: ¿caridad o justicia social? Ambas.

Laura Delgado Gil
Miembro de la Comisión de Responsabilidad Social
Hospital San Juan de Dios de León