Infecciones respiratorias 1

LA SALUD EN TU DIA A DIA

REVISTA Nº 121 – DICIEMBRE 2015

Infecciones respiratorias

Todos los años cuando llega el otoño y las temperaturas
comienzan a bajar, cambio climático aparte, aparecen puntualmente las incómodas infecciones respiratorias (resfriados, catarros, y demás familia).

A pesar de que en su inmensa mayoría no presentan riesgo para la salud de las personas sanas, todos hemos experimentado esa intensa sensación de enfermedad y quebranto que nos alarma y parece durar una eternidad. Pero, ¿por qué en otoño e invierno? Si son infecciones contagiosas ¿por qué no se dan de forma homogénea durante todo el año?. Efectivamente, estos procesos catarrales son causados por decenas de virus y bacterias que nos contagiamos unos a otros, lo que ocurre es que cuando las temperaturas bajan, también bajan las defensas de uno de los órganos que más expuesto está al tiempo frío: el aparato respiratorio. El aire que inhalamos
lógicamente se encuentra a temperatura ambiente (frío) y esto disminuye el aporte de sangre y por tanto de defensas a las superficies de nuestra garganta y bronquios, facilitando la infección por multitud de microorganismos. En general el invierno es una época con menos luz, menos sol, más lluvia, y nos encontramos en peor forma. También hay que decir que, aunque en menor cantidad, hay infecciones respiratorias durante todo el año y también en aquellos países o zonas con clima benigno continuado.

Algunas circunstancias pueden aumentar la incidencia de estos problemas, uno es la mayor exposición al frío que algunas personas por trabajo o aficiones pueden tener, como por ejemplo la actividad laboral al aire libre (construcción, vigilancia, agricultura,…). La actividad de cualquier tipo de cara al público, que diariamente conlleva contacto con muchas personas facilita asimismo el contagio. Otra situación que vemos frecuentemente en nuestras consultas son padres de niños pequeños
o en general personas en contacto con ellos, que presentan más infecciones respiratorias de las que les corresponderían, por la facilidad y frecuencia en que los niños “intercambian” virus y bacterias en guarderías y colegios.

Aunque en la mayoría de los casos son problemas médicos leves, en algunas personas con enfermedades crónicas, avanzada edad o intensos tratamientos  inmunosupresores pueden revestir gravedad, por lo que en estos casos la recomendación es que se consulte precozmente con el médico de familia.

Las personas que fuman presentan más infecciones respiratorias y más serias de las que tendrían si no fumaran.

¿Podemos hacer algo para evitar estos indeseados procesos infecciosos?

Algo se puede hacer pero es cierto que no tenemos ninguna varita mágica. En primer lugar no debemos fumar, y si lo hacemos intentar dejarlo (una infección respiratoria es un buen momento para hacerlo). Por un lado es lo mejor que puede hacer un fumador para mejorar su salud general y por otro sabemos que los fumadores presentan más infecciones respiratorias y más serias de las que tendrían si no fumaran. De la misma manera, una alimentación sana, rica en cereales, frutas y verduras mantiene en situación óptima nuestras defensas. Por último, la realización de ejercicio físico de manera regular ha demostrado un claro beneficio en disminuir estas infecciones.

La vacuna contra la gripe es absolutamente recomendable para los grupos de riesgo determinados por las autoridades sanitarias. Lo que escuchamos de algunas personas respecto a que el año que se vacunaron tuvieron más catarros es simple casualidad. La efectividad de esta vacuna solo cabe esperarla para la gripe epidémica y no tiene ninguna influencia sobre el resto de las infecciones respiratorias ni para bien, ni para mal.

Si ya tenemos encima la infección lo que debemos hacer es cuidarnos adecuadamente: no exponernos al frío innecesariamente, descansar algo más, evitar bebidas frías y tomar cualquier preparado con analgésicos si tenemos afectación general (en el supuesto de que no tengamos ninguna contraindicación por enfermedad previa). Los jarabes, mucolíticos, antitusígenos y expectorantes son simplemente sintomáticos y no debemos esperar de ellos la curación, simplemente la mejoría de los síntomas y en muchos casos su eficacia ni siquiera está demostrada. Inicialmente no hay nada más que hacer. Si empeoramos, o no se resuelven los síntomas en unos días podemos consultar con el médico. La consulta con el médico de familia es obligada en cualquier momento, en caso de presentar enfermedades respiratorias
previas, fiebre alta persistente, excesivo mal estado general, dificultad para respirar o dolor en el pecho importante. En la inmensa mayoría de los casos nos recuperaremos en unos días sin mayores problemas.

Probablemente muchas personas se preguntan sobre la efectividad de la llamada medicina “alternativa” en estas situaciones. Vemos frecuentemente publicidad sobre pretendidos remedios que garantizan tanto la prevención como la curación total. Salvo la utilización de algunos tipos de hierbas, que podría ser aceptable ya que algunas han demostrado cierta eficacia sintomática, el resto es un gasto económico inútil.

En resumen, por ahora tendremos que seguir padeciendo catarros en la época invernal si la ciencia no lo remedia en los próximos lustros. Mientras tanto, los consejos de las abuelas siguen vigentes.

Dr. Luis Iglesias Vela
Especialista en Neumología
Hospital San Juan de Dios de León