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LA SALUD EN TU DIA A DIA

REVISTA Nº 143 – JUNIO 2021

El alcoholismo en tiempos de pandemia

Llama la atención que la enfermedad alcohólica y la Covid-19, aunque por etiología bien distinta, han estado ofreciendo cifras de fallecidos a nivel mundial muy parejas. De hecho, en el año 2020 los fallecidos por alcoholismo fueron 700.000 más que por coronavirus, y actualmente las últimas cifras de fallecidos arrojan una diferencia de tres décimas.

Pienso que estas aparentes coincidencias no son casuales, y esa convergencia de datos, según observaciones constatadas en un buen número de publicaciones nacionales e internacionales, puede estar causada por las medidas que se adoptaron para hacer frente a la conocida pandemia, que interfirieron directamente y de forma negativa en la evolución de la enfermedad alcohólica incrementando la mala evolución, empeorando su pronóstico y favoreciendo el incremento de fallecimientos; además de facilitar, a su vez, un mayor contagio por Covid-19 en dichos enfermos alcohólicos.

En este sentido, los confinamientos, junto a los aislamientos, no selectivos y generalizados, favorecieron en gran medida que en el enfermo alcohólico sufriera una situación gravemente adversa que le llevó de forma rápida a la pérdida del soporte social, que es especialmente importante en él; e incrementó la carga de su ya elevado índice de estrés básico que padecen, propiciando un mayor descontrol y acentuación de la bebida. Agravar el estrés en estos enfermos alcohólicos tiene, a su vez, otro efecto deletéreo en ellos, y es que, como es bien conocido, potencia el déficit inmunológico, con lo que se incrementa la posibilidad de adquirir infecciones, entre ellas por SARS-CoV-2.

Las medidas adoptadas de confinamientos y aislamientos no selectivos también facilitaron en los enfermos de alcoholismo un riesgo significativamente mayor de trastornos psicóticos, junto a alteraciones por el consumo de otras sustancias tóxicas de drogadicción, con secuelas psiquiátricas acentuadas por el descontrol y prolongadas durante largo tiempo, que incide de forma cada vez más negativa en su evolución.

La situación de un permanente, mantenido y general alto nivel de estrés en la convivencia social, con frecuencia acentuado por los medios de comunicación, hicieron presa fácil en estos enfermos especialmente lábiles de ánimo y con alto nivel de ansiedad, lo que les precipitó, casi sin remedio alguno, a un mayor consumo de alcohol para resolver la acentuación de su estrés y poner fin, como viene siendo habitual en ellos, a toda dificultad o problema personal.

Todos esos condicionantes impuestos en la pandemia hicieron que se retrasaran largo tiempo las consultas programadas, e incluso se anularan, en los enfermos alcohólicos, lo que ha supuesto un incremento en las alteraciones añadidas a su precaria estabilidad, con un aumento del deterioro orgánico y psicológico, que sin duda ha elevado anticipadamente el número de fallecimientos a través de la irremediable acentuación de descompensaciones orgánicas (hepatitis alcohólica, cirrosis, pancreatitis, y un largo etc), y psíquicas-psiquiátricas (acentuación de estados depresivos, crisis de ansiedad y, ciertamente, mayor número de suicidios).

En una enfermedad crónica como el alcoholismo, que provoca cerca de 60 potenciales enfermedades, es necesario hacer un seguimiento médico permanente, con unos periodos de revisiones bien establecidos individualmente para evitar el fácil desequilibrio de la enfermedad que conlleva escasos remedios eficaces.

Además, en el caso particular de los pacientes alcohólicos hay que contar con el hecho de que prácticamente nunca son susceptibles de alta definitiva, ya que el grado de dependencia que adquieren con la enfermedad, les facilita una alta probabilidad de recaer en la bebida, incluso aunque haya sido largo el periodo de abstinencia.

Tampoco a estos pacientes se les puede conducir adecuadamente a través de la llamada consulta médica telemática, porque junto a la ausencia de la exploración, que es de necesidad fundamental y básica en el acto médico, dificulta la anamnesis cabalmente correcta.

Pienso que esta experiencia a la que nos ha llevado la pandemia nos tiene que hacer reconocer, mejorar y afianzar aciertos que indudablemente se han tenido, pero también corregir errores cometidos, entre los que se encuentra el no haber asistido adecuadamente a muchos enfermos crónicos que siempre presentan una innegable gravedad potencial, como es el caso de los enfermos alcohólicos, que con frecuencia mantienen altos índices de morbimortalidad.

Unas tasas que se han agravado de forma drástica con disposiciones del tipo de confinamientos y asilamientos generalizados y no selectivos, junto al excesivo retraso añadido, o incluso la ausencia, de las imprescindibles consultas programadas. En contraste, sin embargo, produce gran perplejidad que ciertas consultas no fueron suprimidas, ni retrasadas, en algunos temas sanitarios a los que se les tituló, con muy dudoso criterio médico, de “necesidad primaria” y con atención abierta permanente.

Juan Llor Baños
Especialista en Medicina Interna
Hospital San Juan de Dios de León