LA SALUD EN TU DIA A DIA
REVISTA Nº 130 – MARZO 2018

Contaminación atmosférica: ¿acaso imaginábamos que era inocua?

La Organización Mundial de la Salud ha confirmado últimamente lo que muchos suponíamos desde hacía tiempo, la contaminación atmosférica es cancerígena. Se coloca al mismo nivel que el amianto, el humo del tabaco o el plutonio, por poner ejemplos.

Esto no significa que sea igual de dañino que estos, pero sí que tiene la capacidad de causar cáncer. Del mismo modo aumenta las muertes por enfermedades respiratorias y cardiacas, las primeras directamente a través de los tóxicos que llegan al pulmón y las segundas por esos mismos tóxicos que pasan a la sangre y alcanzan el corazón. Es importante decir que a esto se van a sumar todos los otros factores de riesgo “clásicos” como son el tabaco, colesterol, alcohol, obesidad, etc.

Pero, ¿a qué nos referimos exactamente cuando hablamos de contaminación atmosférica? Este término tiene varias definiciones, aunque todas referidas a la presencia de sustancias nocivas en la atmósfera que podrían provocar daño a la salud humana o a diferentes ecosistemas. Estas sustancias se pueden clasificar en contaminantes primarios, que son emitidos directamente a la atmósfera como por ejemplo el monóxido de carbono; o contaminantes secundarios que se forman en la atmósfera mediante reacciones químicas de sus precursores como el ozono, formado por reacciones de contaminantes primarios: compuestos orgánicos volátiles y óxidos de nitrógeno. Aunque podemos pensar que todos estos contaminantes son originados por la actividad humana, algunos proceden de fuentes naturales como incendios forestales espontáneos, tormentas de polvo o erupciones volcánicas. De este último caso hemos visto ejemplos recientes, además en la historia del planeta hay casos de erupciones de supervolcanes que han supuesto extinciones masivas. Sin embargo el aumento de contaminantes que estamos viendo en las últimas décadas tiene un claro origen: nosotros.

La contaminación del aire está constituida por una mezcla compleja de contaminantes debida a las numerosas fuentes de emisión de estos, lo que hace difícil el estudio de sus efectos en la salud. Entre aquellos podemos apuntar los más importantes como el ozono, ya mencionado, el dióxido de nitrógeno (originado en combustión de calderas industriales y vehículos), plomo (industria y gasolina con plomo, afortunadamente en desuso), dióxido de azufre (combustión de carbón con alto contenido en azufre y petróleo en industria), y por último el material particulado de diferentes tamaños, que merece una explicación. Se trata de diminutos cuerpos sólidos o de gotitas de líquidos dispersos en la atmósfera, de una amplia variedad de tamaños y composición, como hollín o minerales, que además pueden absorber otras sustancias tóxicas como las comentadas más arriba. Casi cualquier actividad industrial puede originarlas.

No es la primera vez que ocurre en nuestro planeta, me refiero a la modificación de la atmósfera por los seres vivos. La misma concentración de oxígeno actual, que es vital para nosotros, es un “contaminante” producido como desecho del metabolismo de los estromatolitos, bioconstrucciones de cianobacterias que hace unos 2.500 millones de años causaron la primera extinción masiva en la tierra. El oxígeno que ahora alimenta la vida, hace millones de años causó la muerte de unos organismos y determinó la proliferación de otros moldeando la evolución de las especies. Lo que a unos mata a otros favorece. Esto puede pasar de nuevo, y parece que el cambio ahora no nos será favorable.
Aunque quizá eclipsada por la cruzada contra el cambio climático, con la que comparte objetivos, la lucha contra la contaminación atmosférica debe figurar en los primeros lugares de la agenda de nuestros políticos. Pero no nos equivoquemos, ellos solo reflejan nuestros intereses como sociedad, ¿realmente estamos dispuestos a hacer los esfuerzos necesarios para revertir esta situación? Espero que seamos más listos que unas bacterias del período Precámbrico.

Dr. Luis Ricardo Iglesias Vela
Servicio de Neumología
Hospital San Juan de Dios de León