LA ACTUALIDAD

REVISTA Nº 120 – SEPTIEMBRE 2015

Donación altruista de sangre y transfusión sanguínea en España

El tema del que vamos a tratar en este artículo, es la donación de sangre como “antesala” de la transfusión. No es posible la una sin la otra. Como tampoco es posible dejar de citar a los pioneros, obviamente analistas y hematólogos que para desarrollar su labor tuvieron que buscarse los primeros planteles de donantes para solventar su trabajo.

El Dr. J. A. Grifols debe encabezar esta lista ya que unos pocos años antes de los que estamos hablando ya disponía de un grupo de donantes, digamos, “controlados” y a los que podía recurrir. En realidad hizo en España en los años 20 lo que Haustin y Agote habían experimentado hacia 1914. Más tarde serían los doctores Elósegui y Durán quienes hicieran lo propio, a imagen y semejanza de lo que desde 1927 acontecía en Italia de la mano del Dr. Vitorio Formentano. En nuestro país Cruz Roja Española ya en la Guerra Civil y años posteriores hizo lo que pudo dentro de una situación sanitaria aún desestructurada. Unos cuantos años más tarde, en 1954, nace en Vitoria la primera Asociación de Donantes ajena a Cruz Roja. En 1957 nacería la Asociación de Navarra. Tanto una como otra han sido y siguen siendo los buques insignia del movimiento asociativo de los Donantes de Sangre en España. Más tarde se incorpora Guipúzcoa y no vuelven a crearse más asociaciones hasta que por iniciativa de D. José María García de Viedma nacen las Hermandades de Donantes de Sangre de la Seguridad Social, al hilo de las necesidades que se sentían en los nuevos hospitales de la red sanitaria creada en los años 60, bajo la denominación de “Residencias Sanitarias de la Seguridad Social”. Residencias sanitarias en las que ya existía el Servicio de Hematología y Hemoterapia. Zaragoza, Salamanca, Madrid, por este orden, hasta 83 llegaron a estar funcionando en el entorno de las residencias sanitarias.

Hoy mantienen su actividad divulgativa y en colaboración con los centros de transfusión, en torno a 55, la mayoría miembros de la Federación Española de Donantes de Sangre, presidida por D. Martín Manceñido Fuertes.

El movimiento asociativo, es decir, las hermandades y asociaciones, no sólo divulgaban y concienciaban a la población, en escuelas, pueblos, barrios, parroquias, o empresas sino que canalizaban las colectas en colaboración con los servicios de hematología de las “residencias” primero y de los hospitales después, poniendo en guardia a los potenciales donantes del lugar donde se iba a desplazar el equipo médico de la colecta: carteles, pasquines, contactos con los líderes sociales del pueblo, directores de colegios o de empresas, alcaldes, etc. El crecimiento era espectacular y de casi cero se pasó a recolectar algo más de seiscientas mil bolsas de sangre ya en 1980: el concepto del altruismo y la voluntariedad estaba conseguido ya para siempre.

En la actualidad además de las asociaciones antes citadas hay 28 centros de transfusión que son los organismos públicos al servicio de la sanidad oficial (dependen de las respectivas consejerías de sanidad o salud de las comunidades autónomas) que tienen la responsabilidad de obtener la sangre, procesarla y distribuirla a los hospitales dando respuesta a las necesidades hemoterápicas que se presenten en sus ámbitos de actuación; están dotados de los medios humanos, técnicos y científicos más actuales, hasta el punto que se puede decir que España cuenta con una de las mejores estructuras de todo el mundo en la materia.

Pero la transfusión sanguínea no existe sin la antesala de la donación de sangre, en nuestro contexto de forma voluntaria y no remunerada, es decir, altruista y para ello hay que contar con los donantes que de forma generosa y voluntaria deciden compartir su salud con quienes no la tienen, enfermos o accidentados, a través del tejido vital de la sangre, regalando lo más intimo de su patrimonio, salvando vidas o recuperando la salud de tantas y tantas personas cada minuto en los hospitales de todo el mundo. Sólo en España cada día se llevan a cabo seis mil doscientas transfusiones de sangre o alguno de sus componentes, gracias a lo cual se salva la vida a 80 personas cada veinticuatro horas, que morirían irremediablemente si no recibieran ese regalo de vida que los donantes ofrecemos y otras 375, también cada día, recuperan su salud o mejoran su calidad de vida.

Para que no se deteriore en sistema, nuestro colectivo precisa que las autoridades sanitarias tengan presente como mínimo estas cuatro premisas:

  • Más reconocimiento social hacia la figura del donante como persona y como integrante de un movimiento asociativo que los agrupa respetándoles como sujetos con deberes libremente asumidos, pero también con derechos.
  • Reforzar las dotaciones a las asociaciones con los recursos necesarios para que su implicación en materia de promoción sea mayor, porque sin esa promoción diaria, de quienes predican con el ejemplo, difícilmente se superará la situación.
  • Posibilitar la formación en todos los estratos educativos, desde primaria hasta el universitario.
  • Dotar de más medios para fomentar la donación selectiva de componentes, por aféresis, con especial incidencia en el plasma, del que somos deficitarios, ya que precisamos importar la mitad de los más de seiscientos mil litros de plasma que se consumen anualmente en España, sin olvidar que su consumo se triplicará en los próximos veinte años.

Recordemos aquí lo que el Dr. Arthur Caplan, hematólogo y experto en bioética, de Pensilvania y un defensor de la donación altruista en todos sus extremos y facetas, decía en los años 80: “Envidio a Europa por los esfuerzos que se están haciendo en este sentido” y advertía a los gobiernos y organismos de la sanidad pública que “nunca tengan la tentación de creerse por encima de los donantes altruistas, sólo estos pueden salvar y resolver el mayor problema asistencial que se encuentran y se van a encontrar aún más en el futuro”.

El hematólogo francés, Profesor Bernard Genetet, decía poco después que “aquellos gobiernos, centros de transfusión, autoridades sanitarias, que obvien a los
donantes altruistas, fracasarán”. “Si buscan el éxito, garanticen a las asociaciones de donantes altruistas y voluntarios corresponsabilidad y coprotagonismo”.

Uno de los principios de la solidaridad es que tiene que llegar de forma trasversal, no vertical, es decir, la procedencia del mensaje de solidaridad es creíble si procede de quien la practica, no del político o del empleado público de confianza de turno, cuya credibilidad en este u otros aspectos es nula o cuando menos cuestionable. Se trata por tanto de una máxima, recogida muy bien en otro estudio elaborado en los años 90 por la Universidad de Milán, en el que el concepto de trasmisión del mensaje, de algo tan sensible como es la donación altruista de sangre, queda claro que debe provenir de personas “de igual a igual”.

Para justificar el por qué reclamamos reconocimiento social para nuestro colectivo, conviene saber que de cien personas, todas ellas potenciales receptoras de sangre, cincuenta no pueden donar por no llegar o sobrepasar la edad legal para donar, otras veinte son personas que padecen determinadas enfermedades crónicas y tampoco pueden donar; ya solo quedan treinta útiles. De esas treinta, doce no donan por miedos fóbicos a las agujas o a la visión de la sangre, solo quedan 18. De esas 18 sólo donan cuatro. Esta es la realidad y si esas cuatro personas tienen que solventar las necesidades de las otras 96, bien se merecen cuantos reconocimientos se les ofrezcan.

Hoy por hoy la donación con fines terapéuticos hay que entenderla y tratarla “como un todo” por eso se ha creado la Fundación Nacional FUNDASPE para el fomento global de la donación altruista: Sangre, Plasma, Órganos para Trasplantes, Tejidos y Células Madre (Progenitores, Médula Ósea, SCU) además de dedicarse a la educación en materia socio-sanitaria y la Cooperación Internacional.

Preguntas más frecuentes

¿Cuánto dura una donación?

La donación propiamente dicha unos 10-15 minutos.

¿Se analiza la sangre donada para detectar enfermedades como el SIDA o la hepatitis?

Concretamente, las pruebas que se realizan a cada bolsa de sangre son las siguientes:

  • Determinación del Grupo y Rh.
  • Detección de anticuerpos irregulares frente a hematíes.
  • Detección del virus de la hepatitis B.
  • Detección del virus de la hepatitis C (prueba serológica).
  • Detección de anticuerpos frente al virus de hepatitis C -fases iniciales de la infección- (PCR-biología molecular).
  • Detección del virus del VIH (Como en el caso de hepatitis C).
  • GPT (comprobar la enzima que afecta al hígado).
  • Detección de la sífilis (RPR).

¿Es posible contagiarse de algo donado sangre?

No. Es absolutamente imposible. Los materiales desechables que se emplean anulan cualquier vía de contagio posible.

¿Quién se hace cargo de la sangre, su análisis y distribución?

En España, la sanidad pública asume íntegramente todos los gastos y se ocupa de distribuirla entre los distintos centros hospitalarios.

¿Cuánto tiempo tengo que esperar para donar tras haberme operado?

En principio seis meses, aunque en algunos casos este plazo puede ser inferior.

¿Cuál es el peso mínimo para donar?

50 kg. El motivo es que las bolsas que se extraen tienen siempre la misma capacidad (450 cc) y con un peso inferior ese volumen supondría un porcentaje excesivo
respecto al total.

¿Es posible donar durante la menstruación?

Sí, salvo indicación expresa en contrario del facultativo.

¿Se puede donar tomando anticonceptivos?

Sí, no existe ninguna contraindicación al respecto.

¿Conocerá alguien los resultados de mi analítica?

No. Los datos médicos son absolutamente confidenciales y se someten al mismo secreto que cualquier otra consulta médica.

¿Cuánto se tarda en recuperarse de una donación?

La recuperación de una donación de sangre es inmediata. El volumen es cuestión de horas y la incorporación de todos los elementos celulares que se extraen en una donación como mucho cuatro o seis días, sin que ello implique ninguna alteración en caso de cualquier análisis posterior.

¿Toda la sangre donada en España es altruista?

Sí.