EN PERSONA

REVISTA Nº 137 –  DICIEMBRE 2019

Roberto Enríquez
actor 

Actor formado en la Escuela de Arte Dramático de Valladolid, en el Laboratorio Teatral de William Layton. En 2003 protagonizó la película El Alquimista y gracias a ello fue nominado a Mejor Actor Revelación en los Premios Goya.

Fue en 2009 cuando ganó el premio en la categoría Televisión en el I Festival de Televisión y Cine Histórico Ciudad de León por su participación en la serie La Señora.

Actualmente, está rodando para Netflix el thriller “El desorden que dejas” basada en la novela de Carlos Montero, creador de series como Élite.

Ha nacido en León, crecido en Valladolid, pero su vocación le ha llevado a Madrid. ¿De dónde se siente?

Me siento de los tres sitios y de ninguno. En León pasé los primeros años de mi infancia. Mi familia es de León, del Bierzo en concreto, y yo me crié en Valladolid y luego vine a Madrid. La verdad es que cuando voy a León siento una conexión especial que tiene que ver con mi familia obviamente y que, aunque yo estuviera en el exilio en Valladolid siempre había una conexión muy directa con el Bierzo. Cuando voy allí algo que se me remueve muy especial. Pero mi vida me ha llevado por diferentes sitios y me siento muy a gusto también viviendo en Madrid. En definitiva, me siento de los tres lugares.

Comenzó su formación en Valladolid, ¿siempre tuvo claro ser actor?

No, yo creo que descubrí mi necesidad de ser actor al final de mi adolescencia. Recuerdo que empecé a hacer teatro de muy jovencito en el barrio y de una manera absolutamente aficionada. A eso de los 16 o 17 años estaba en un grupo de teatro en el que hacíamos obras. En ese momento me felicitaban cuando veían lo que hacía y había algo que me hacía sentir que lo que estaba haciendo funcionaba. Porque, por ejemplo, me gustaba el baloncesto, pero chupaba más banquillo que otra cosa. Fue una coincidencia entre algo que me gustaba mucho y con lo que yo obtenía respuesta positiva por parte de los demás y yo creo que ahí empezó todo. Ahí me picó ya lo del teatro. Empecé a tener un apetito voraz de hacer todos los cursos de teatro que había en Valladolid hasta que llegó el momento en el que pude hacer las pruebas de acceso de arte dramático y aquello fue ya como el paraíso.

Desde que comenzó hasta ahora, ¿ha cambiado mucho la profesión de actor?

No sabría decirte. Mi sensación es que es la misma profesión. Han podido cambiar cosas de la forma, pero en el fondo creo que sigue siendo lo mismo. Hace unos cuantos años era todo más clandestino porque había veces que no te enterabas de los proyectos que salían e intentabas entrevistarte con el director y ver qué proyecto era. Ahora con las redes sociales y con internet esto es como mucho más abierto. Ahora han aparecido las figuras de los directores de casting que monopolizan el trabajo y el trabajo difícil puede pasar por cinco directores de casting diferentes. En definitiva, yo creo que ha cambiado más cosas de forma que de fondo.

Ha pasado por todos los géneros; teatro, cine y televisión, ¿con cuál se queda?

Me quedaría con los tres. Bueno, con los tres, quiero decir más bien con audiovisual: cine y televisión. Hoy en día es prácticamente lo mismo, porque hay un trasvase de profesionales de un medio al otro. La única diferencia entre cine y televisión es la duración de una ficción. Entonces, la diferencia sería entre el teatro y la televisión y el cine. El trabajo del actor es el mismo, pero son dos soportes muy diferentes. En el teatro estás frente al público y pase lo que pase la función tiene que continuar. Es un mismo texto que lo puedes hacer muchísimas veces, pero el cine y la televisión tienen algo también maravilloso: tienes solo un día para rodar esa secuencia y no vuelve a pasar. No hay mañana, no hay luego, es aquí y ahora. Hay algo divertido, aunque a veces es complejo. Entonces me quedo con los dos: teatro y audiovisual (cine y televisión). Son muy diferentes, pero me gustan mucho los dos.

¿Cuál ha sido el papel que más le ha gustado interpretar? ¿Por qué?

Mi profesora de interpretación de la escuela, Charo Amador, era la ayudante de dirección del Centro Dramático Nacional de José Carlos Plaza y estaban haciendo Hamlet. Entonces yo entré ahí con 21 años y hacía de Príncipe de Noruega. Durante unos cuan- tos años estuvimos haciendo Hamlet e hicimos una gira por toda España. Para mí, que fue mi primera obra, un texto como ese, que es como la Biblia de un actor, siempre había sido un sueño poder hacer Hamlet. Siempre había visionado eso, pero han ido pasando los años y ahora ya tengo 51 y no sueño con hacer ningún personaje porque me han tocado personajes maravillosos. En España se están haciendo cosas muy buenas y hay gente con mucho talento.

¿Cuál ha sido el papel que le ha costado interpretar? ¿Por qué?

Cada personaje tiene su dificultad, pero si tuviera que pensar en general para responder a esta pregunta, te diría que fue Fausto de Goethe. Fue una obra para el Centro Dramático Nacional dirigido por un artista ya fallecido que se llamaba Tomaž Pandur. Yo tenía un monólogo de 25 minutos antes de que entraran el resto de mis compañeros y se produjera la interacción. Tenía un texto complicadísimo porque tenía esencia, poesía y filosofía a la vez. Es un texto sumamente complejo, muy rico y bellísimo, pero duro. Yo empezaba la función y la acababa y para mí era como una maratón brutal. El viaje emocional y mental era lo más duro. Cada personaje y cada historia tiene su dificultad, pero aquello fue tremendo y muy difícil.

¿Cuál es el ritmo de trabajo de un actor? ¿Cuánto se tarda en grabar un capítulo de una serie por ejemplo o en ensayar una obra hasta que está listo el estreno?

Es un poco relativo a cada producción, pero hay un estándar. En los primeros capítulos de una serie se suele tardar el doble que en los siguientes porque al principio se juntan todos los equipos y hay que organizar todo. Normalmente suele haber un periodo de ensayos pero eso no se ve hasta que ya están todos los ingredientes en el puchero. Los primeros capítulos suelen ser como 20 días o un mes y, a partir de ahí, suele ser unos 10 días por capítulo. Depende de cada producción, pero el estándar para un capítulo suele ser unos 10 días. Sin embargo, un actor se pone a trabajar en cuanto le dejan el texto, es lo que la gente dice: “uy que difícil aprenderte tanto texto”. Normalmente no se emplea el tiempo en memorizar el texto ya que al final te lo sabes de darle tantas vueltas a una secuencia y a un personaje. Todo eso es un trabajo que los actores junto con el director, en el mejor de los casos lo hacemos muchísimo antes. En resumen, lo normal es unos 10 días por capítulo y unos 4 meses más o menos por serie si tiene 8 capítulos. En el teatro también hay un estándar que son 40 días de ensayo y luego el estreno.

¿Con cuál de los personajes que ha interpretado se tomaría un café? ¿Por qué?

El primero que me vine a la cabeza para responder a esta pregunta es Viriato. Aunque bueno, igual con Viriato un café no me tomaría y me tendría que to- mar otra cosa, porque no sé si él se podría tomar algo tan desconocido para él como un café. Me gustaría encontrarme y charlar con él porque se ha convertido en un héroe y en un mito. A mí lo que me interesaría es conocer la personalidad de este individuo, que fue capaz de en el momento en que las tribus de aquello que los romanos llamaban Hispania todos estaban a palos y en guerras, consiguió juntar a todas esas tribus para luchar contra un enemigo común. Por todo esto me gustaría conocer a ese individuo que hizo cosas increíbles.

¿Qué le motiva a elegir cada papel?

Que el personaje sea rico. Muchas veces no hago los personajes porque tengan más o menos líneas o porque sean más o menos protagonistas. Yo sé que hay actores que solo eligen los personajes que sean los protagonistas porque su ego no les permite hacer otros que no lo sean. Pero este no es mi caso, mi ego debe de estar por otro lado, pero en este sentido no. Para mí el personaje, independientemente de la longitud tiene que ser rico en matices. Tiene que ser algo que me suponga un reto y es lo que me hace decantarme por una cosa y no por otra. A veces, cuando tienes familia, como es mi caso con dos niños pequeños, hay proyectos que te salen al paso. Por ejemplo, me ha salido uno para irme cuatro meses a Mexico y lo he tenido que descartar inmediatamente porque no quiero sacar a mis hijos del colegio cuatro meses.

¿En qué le vamos a ver próximamente?

En una serie de Netflix basada en la novela de Carlos Montero, creador de series como Élite. En cuanto leí la novela me dejó fascinado mi personaje y me pareció que era un relato muy potente. Le recomendé la novela a la gente de mi entorno y estaban igual de enganchados que yo. Tiene algo en un tono de thriller con capacidad para contar una historia y a través de una investigación conocer a personajes y realidades sociales y lo cierto es que el thriller es muy buen vehículo para eso. Además, se desarrolla en Galicia, todos somos gallegos y hay algo que contamos desde esa esquina que hace la historia muy rica y diferente. Es un proyecto en el que vamos a tener que hablar con acento gallego así que tendré que visitar más el Bierzo. Aunque, el acento del Bierzo es diferente. La gente dice que es como el gallego, pero es una mezcla entre el gallego, asturiano y castellano. Es medio raro, pero si me sirve de alguna manera y ese sonido no me es muy desconocido. Nos ponen a un lingüista que nos ayuda y yo luego estoy viendo y oyendo a todos los gallegos que puedo. Así que es divertido en ese sentido también.

 

El test de Roberto

Una ciudad_Madrd
Un rincón de su ciudad_El rastro de Madrid
Una comida_El arroz en todas sus versiones
Un lugar para perderse_El Bierzo
Un colega de profesión para salir de cañas_Unos cuantos: Ana Wagener, María Isabel Lago…
Un deporte_Me gusta correr… y a veces sin motivos
Un vicio (confesable)_Fumar
Su mayor defecto_A veces soy demasiado radical
Su mayor virtud_No tengo mal fondo
Le gustaría parecerse a_A nadie, me gustaría parecerme al mejor yo posible
Un grupo musical o cantante_Enrique Morente
Un medio de transporte_La bicicleta