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EN PERSONA

REVISTA Nº 143 –  JUNIO 2021

Noemí G. Sabugal
Escritora, periodista y docente

Noemí G. Sabugal (Santa Lucía de Gordón, León, 1979) es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado para distintos medios de comunicación como El Mundo, El Mundo-La Crónica de León y Diario de León, el semanario Interviú, la revista CTXT o los servicios informativos de la Cadena Ser. En 2005 su labor fue reconocida con el Premio de Periodismo de Castilla y León Francisco de Cossío, modalidad de prensa, por el reportaje ‘De cruce de caminos a cruce de culturas’, sobre la inmigración en el barrio leonés del Crucero. Su primera novela, ‘El asesinato de Sócrates’ (Alianza Editorial, 2010), fue finalista del XI Premio de Novela Fernando Quiñones y resultó elegida por el Ministerio de Cultura para representar a España en el XI Festival Europeo de Primera Novela de Budapest. Con su segunda obra, ‘Al acecho’ (Algaida, 2013), se alzó con la XXXI edición del Premio de Novela Felipe Trigo; y con su tercer trabajo, ‘Una chica sin suerte’ (Ediciones del Viento, 2018), cosechó muy buenas críticas y giró por varios festivales musicales. Ahora, con ‘Hijos del carbón’ (Alfaguara, 2020), opta al Premio Rodolfo Walsh de la Semana Negra de Gijón.

‘Hijos del carbón’ parte de sus recuerdos familiares para contar la vida en las cuencas mineras, pero además recoge sus viajes durante más de tres años por las zonas carboníferas de España y sus impresiones sobre el cierre de las minas y de las centrales térmicas. Aunque suele huir de los textos excesivamente ficticios, ¿diría que es su trabajo literario más periodístico hasta la fecha? ¿Cómo ha sido el proceso de creación?

Sin ninguna duda. Para empezar, es un ensayo, cuando hasta ahora había publicado novelas. En ‘Al acecho’ hay una base de documentación muy amplia con libros de historiadores y artículos de periódicos de la época, como también la hay en ‘Una chica sin suerte’; pero ‘Hijos del carbón’ es un ensayo híbrido que abarca muchos géneros, entre ellos el de libro de viaje, y que tiene mucho de periodismo narrativo entendido como la crónica de unos territorios y de un momento histórico que parte del recuerdo y se completa con el testimonio de las personas que los habitan. El proceso de creación ha sido muy largo e intenso. Los viajes y las lecturas se han ido entrelazando. Me documentaba mucho antes de ir a cada zona y, después de visitarlas y conocer a sus gentes, volvía a casa con todo. Pero, a veces, también compraba libros en el camino y seguía investigando.

¿Y en este recorrido tan interesante ha tenido sus compañeros de viaje?

En la mayoría de los viajes he ido con Pablo J. Casal, que ha hecho las fotografías del libro, pero en otros he estado sola. Y en León y Asturias me ha acompañado mi padre para recuperar en cierto modo la historia de la familia. También he compartido algunos con Cecilia Urueta, la fotógrafa que acaba de publicar el libro ‘The End’ sobre las cuencas leonesas y palentinas.

En el libro cita un verso de la poeta Idea Vilariño, que dice que “los muertos siempre están tironeando del corazón”. Y en las cuencas, según asegura, todas las familias tienen los suyos. De hecho, cuenta que su abuelo José tenía una nube oscura en el pecho y que su abuelo Santos se quedó enterrado en la mina tras una explosión de grisú, un accidente que casi le cuesta la vida. ¿Ha sido el peaje a pagar?

La muerte, por desgracia, está ligada a la minería porque es el resultado de un trabajo duro y peligroso. Esa relación siempre está presente, marca la vida de las cuencas y explica su carácter. La mina siempre estuvo ahí para quien la quiso. Si echas un vistazo a las huelgas mineras ves la fiereza de sus reivindicaciones laborales. Ha sido un sector muy peleón, pero porque sus trabajadores se jugaban la salud y la vida.

En abril comenzó el juicio por la muerte de seis trabajadores en el siniestro registrado en el Pozo Emilio del Valle de la Hullera Vasco Leonesa en 2013, una de las páginas más tristes de su historia. En una entrevista afirmaba “las cuencas mineras lo que sí tienen es memoria» y la memoria, la histórica, es un proceso de reparación, justicia y verdad. ¿Lo ve posible?

Las familias llevan esperando casi ocho años a que este caso se resuelva. Los jueces son los que tienen que determinar si hay responsables o no, pero sí debería haber llegado mucho antes a los tribunales. Hubiera merecido una respuesta más rápida y diligente. Ese hubiera sido el primer acto de justicia.

La sensación en las cuencas mineras es de abandono. En algunas de ellas, después de casi 200 años girando en torno al carbón, aún no saben ni en lo que se convertirán. ¿Cómo están afrontado sus habitantes este clima de incertidumbre?

Hay diferencias por cuencas pese a tener problemas compartidos. Ha habido falta de diversificación laboral, pero hay algunas, como las leonesas, donde es más reciente el vacío por el reciente cierre de las minas y de las centrales térmicas. La cuenca del Ebro y el Segre se ha enfocado mucho a la agricultura a estar beneficiada por regadíos con miles de hectáreas de frutales, pero hay lugares como Teruel que tiene un transporte absolutamente deficitario que no ayuda a su desarrollo. En el caso de León habría que haber mirado hacia el agujero negro de Sabero donde, tras cerrar la mina en 1991, se hicieron las cosas muy mal. No había ni siquiera terrenos preparados para la instalación de empresas. Ahora hay como 300 trabajadores entre todos los polígonos industriales, pero no ha sido sencillo. Esa lección deberíamos haberla aprendido. No obstante, en otros lugares como El Bierzo, en el polígono industrial El Bayo de Cubillos del Sil, no se ha conseguido atraer actividad. No sirve una única receta, no es una situación fácil de revertir, pero hay ejemplos que no funcionaron y otros que sí lo hicieron y han marcado un cambio de dinámica en los territorios. Eso sí, la falta de previsión ha sido un gran hándicap.

Ahora se quieren crear proyectos eólicos en zonas que son reserva de la biosfera. La Plataforma por el Futuro de la Montaña Central Leonesa denuncia que “las multinacionales quieren hipotecar el territorio a cambio de promesas de empleo y dinero». ¿Está de acuerdo? ¿Su futuro puede y debe ser otro?

Ahora mismo estamos inmersos en una transición energética que pueden cambiarlo todo gracias a unos fondos europeos que conllevan oportunidades. Lo que ocurre es que los proyectos eólicos y huertos solares deben implantarse en lugares adecuados y la Montaña Central Leonesa no lo es. Se tienen que dimensionar bien, estar controlados y ser lógicos. Tenemos el ejemplo de Puertollano donde se crearon Solaria y Silicio Solar, pero que pocos años después cerraron porque no estaban bien planteados.

¿Qué debe contemplar este proceso de transición energética para ser exitoso?

Estaría muy bien que, como reza el Ministerio que ocupa de él, transición energética y reto demográfico fueran de la mano. Hay un dinero que va a llegar a España tras el fin de las ayudas a las explotaciones de carbón en diciembre de 2018. La cuestión es utilizarlo bien, estudiar las distintas posibilidades. Hay una cuestión que es interesante y de la que se habla poco: el autoconsumo. Siempre se habla de los grandes proyectos, pero podría ser una alternativa ecológica y sostenible en los espacios públicos de los municipios y barrios. Se están dando pasos, pero aún es pronto para ver sus resultados. Luego está una dependencia energética que se concentra sobre todo en el petróleo y que hace necesario impulsar la movilidad eléctrica. Entiendo que renovar la flota de vehículos es un proceso largo y complicado.

Hace algo más de un año el Tribunal de Cuentas cuestionaba la gestión de las ayudas a cuencas mineras.

Hay muchos ejemplos de mala gestión de las subvenciones por negligencia o por fraude, pero es algo que ocurre en todos los sectores. El dinero público debe ser muy bien fiscalizado para garantizar su correcta inversión. Pero no todo ha sido un fiasco. También hay empresas que se han instalado con Fondos Miner.

‘Hijos del carbón’ es finalista del prestigioso Premio Rodolfo Walsh de la Semana Negra de Gijón, un galardón a la mejor obra de tema criminal de no ficción escrita en español entregado desde la primera versión del certamen literario y creado en 1988 a iniciativa del escritor hispano-mexicano Paco Ignacio Taibo II. ¿Cómo ha recibido la noticia? ¿Son los premios un trampolín dentro de la escena literaria?

Con mucha alegría y ya veremos qué pasa. Los premios han sido los que me han permitido empezar a publicar, porque yo era una escritora inédita con ‘El asesinato de Sócrates’. Y siguen siendo una proyección, aunque cuando escribes no piensas en ellos sino en los lectores. ‘Hijos del carbón’ ya va por su cuarta edición y todas las semanas recibo cartas de habitantes de las cuencas mineras, pero también de personas ajenas a ellas que desconocían la historia de esos territorios. Y eso es muy bonito. Es el mejor reconocimiento a una forma de vida que ha sido muy dura.

‘Este ensayo, que también fue seleccionado como finalista del XIX Premio de la Crítica de Castilla y León, se medirá en la Semana Negra de Gijón a los trabajos de Enric Juliana, Mabel Lozano y Pablo J. Conellie, y Mariano Sánchez Soler. ¿Ya ha investigado a sus competidores?

Como hace poco de la noticia, no me ha dado mucho tiempo, pero tengo toda la intención de hacerlo. Es cierto que sí conozco su trabajo, porque es gente que lleva mucho tiempo escribiendo.

En cualquier caso, una vez que se plantea un disco, ¿es fácil encontrar ese hilo conductor que lo articula para intuir hacia dónde se dirige o más bien deja que el tiempo sea el que hable?

Trabajo más desde un concepto inicial, aunque todo esté sujeto a cambios. Después de una gira, tengo en la cabeza lo que quiero hacer en el siguiente disco. Por ejemplo, en mi próximo trabajo voy a enfocarme en Centroamérica, en la música andina, y quiero jugar con instrumentos como el saxo, que no está en ‘Terra’, y el piano, que hace mucho que no utilizo.

En su anterior trabajo, ‘Una chica sin suerte’, apuesta por hacer una biografía novelada de la cantante de blues Willie Mae ‘Big Mama’ Thornton, un personaje del que no se conservan muchas entrevistas ni declaraciones. ¿Fue un reto?

Sí que lo fue. Primero porque elegí de protagonista a un personaje real del que había poca documentación. Encontré una biografía en inglés del autor alemán Michael Spörke que me ayudó mucho, porque no había ninguna, y busqué entrevistas de todas aquellas personas que la habían conocido. Quería que su carácter estuviera bien reflejado, al igual que un periodo, los años 60, que fue muy interesante tanto en Estados Unidos como en Europa. La promoción del libro fue muy bonita porque, sin esperarlo, me llamaron de agrupaciones y festivales de blues. Y hubo muchas presentaciones con músicos que tocaron sus canciones.

‘Al acecho’, ambientada en el Madrid prebélico de 1936, alude al poemario de Miguel Hernández ‘El hombre acecha’ y, de hecho, la novela arranca con unos versos de su ‘Canción primera’. Pero no es el único poema que contiene. Entre 1936 y 1939 murieron Unamuno, Antonio Machado, Lorca, Valle-Inclán… y Miguel Hernández lo hacía en 1942, en la cárcel. Además, el exilio provocó un empobrecimiento artístico. ¿Les quiso hacer en cierto modo un homenaje?

Siempre me ha interesado La República y todo lo concerniente a la Guerra Civil, una época en la que la convivencia en España se destrozó. Empieza en marzo de 1936, cuando gana el Frente Popular, y llega hasta el primer bombardeo contra civiles que hay en Madrid. En realidad, yo lo que pretendía es que se viera cómo siendo hermanos nos convertimos en enemigos a raíz de un golpe de Estado que fue militar. El pasado nunca acaba de pasar, algo que en ‘Hijos del carbón’ también sucede. Decía Novalis que “todo pasado es presente” y creo que conocerlo es muy importante.

En ‘El asesinato de Sócrates’ trata de desvelar “las cosas sucias de la sociedad”. ¿Qué tiene el lado oscuro de la vida que nos atrae tanto?

Todos nos sentimos muy atraídos por la oscuridad. Los personajes de los libros y las películas que más nos interesan son los malos, porque son los que más emociones nos suscitan. Creo que nos gusta acercarnos con seguridad a aquello que duele para prepararnos y aprender algo de nosotros mismos. Es una especie de ensayo para la vida, una forma de saber cómo reaccionaríamos ante lo negativo.

En ese primer trabajo literario la detención de un inmigrante tranquiliza a la cúpula policial, presionada por las fuerzas vivas locales, pero, como en toda buena novela negra, nada es lo que parece. ¿De quién cree que es la culpa de ver la inmigración como un problema y una amenaza?

Todos somos, hemos sido o podemos ser inmigrantes, sobre todo económicos. España tiene una buena historia al respecto. Londres o Berlín tienen miles de españoles trabajando allí y tienen los mismos problemas que pueden tener aquí los magrebíes o los latinoamericanos. Cuando estamos en nuestro país miedo siempre está el miedo al diferente, generalmente por desconocimiento. Y también hay un discurso de odio muy fácil de utilizar, que es erróneo y por supuesto interesado. Me apena, porque se pierde de vista la enorme riqueza que supone tener gente de otros países. Luego se cae en contradicciones. Tenemos una España muy envejecida y dependiente, con una natalidad muy baja, y necesitamos mano de obra. Además, no hay que olvidar que nadie deja su país si no lo necesita. Y nos tenemos que hacer responsables de las condiciones socioeconómicas a un nivel global, porque vivimos en un único planeta.

Confiesa que su escritura se ve influenciada por “los grandes de la novela negra” como Chandler o Hammett, aunque también muestra su predilección por Muñoz Molina, Clarín, Pérez Galdós o la literatura del siglo XIX. Pero, ¿qué está leyendo Noemí G. Sabugal ahora?

Pues los últimos que leído son ‘El rey Lear’, una de las principales tragedias de William Shakespeare; ‘Desde la oficina’, un recopilatorio de narraciones de Robert Walsery; el ensayo ‘Poder migrante’ de Violeta Serrano, que es de Astorga; y ‘Pájaro del noroeste’ de la leonesa Marta del Riego.

Afirma que “la literatura es más libre que el periodismo” pero, con la perspectiva que solo da el tiempo, ¿le costó dejar la primera línea de batalla de un diario para dedicarse en cuerpo y alma a escribir novelas? ¿le ayudó su faceta de docente?

Me costó, pero creo que ese momento era lo que necesitaba: tiempo. Y el saber que podía tener la posibilidad de dar clases de Lengua y Literatura me daba tranquilidad. La faceta docente, que voy alternando con colaboraciones en medios y la escritura de mis libros, es muy bonita porque te permite trabajar con personas.

El test de Noemí

Una ciudad_Todas las que aún no conozco y también los pueblos
Un rincón_La leonera en la que escribo
Una comida_Huevos fritos con puntilla
Un lugar para perderse_Un monte o una playa sin demasiada gente
Un colega de profesión para salir de cañas_Muchos, por suerte, pero diría Julio Llamazares
Un deporte_Me dejan boquiabierta las gimnastas
Un vicio (confesable)_Las pipas
Su mayor defecto_Me gustaría tener más arrojo para ciertas cosas
Su mayor virtud_La perseverancia
Le gustaría parecerse a_ Intento ser cada vez más yo
Un grupo musical o cantante_Big Mama Thornton
Un libro_La Regenta de Leopoldo Alas, Clarín
Un medio de transporte_El tren