Antonio Turiel Martínez
EN PERSONA

REVISTA Nº 144 –  SEPTIEMBRE 2021

Antonio Turiel Martínez
científico y divulgador 

Antonio Turiel Martínez (nacido en León, 1970) es licenciado en Ciencias Físicas y Matemáticas y doctor en Física Teórica por la Universidad Autónoma de Madrid. Es científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Departamento de Oceanografía Física y Tecnológica del Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona, donde trabaja en la observación por satélite de los océanos y en el análisis de recursos naturales. Es autor del reciente y contundente ensayo ‘Petrocalipsis’ (2020, Alfabeto) y, además, es conocido en su faceta de divulgador científico, labor que realiza en conferencias, artículos y sobre todo a través de su blog ‘The Oil Crash’, una de las grandes referencias en castellano sobre el problema del cenit del petróleo. Sostiene que en los planes para la descarbonización anunciados por los responsables políticos de la Transición Ecológica hay “ciertos puntos oscuros” que nos abocan a “un modelo megalomaníaco, tremendamente destructivo y contaminante”. Recientemente, asesoró al Senado en el debate sobre la Ley de Cambio Climático.

 La realidad climática está superando las previsiones más negativas. ¿Tenemos alguna posibilidad de adaptarnos a los efectos que ya hemos desatado?

Aunque detuviéramos las emisiones de CO2 en seco, la temperatura del planeta seguiría subiendo todavía durante un par de siglos. El cambio climático ya no lo podemos parar, pero sí estamos a tiempo de no agravarlo. Porque si superamos los puntos de inflexión (hielo marino ártico, la capa de hielo de Groenlandia, los bosques boreales, el permafrost, el sistema de corrientes del Atlántico…), se desataría un fenómeno catastrófico de consecuencias tremebundas. Vamos directos a un aumento medio de la temperatura de tres grados, lo que implicaría que la mayor parte de la Península Ibérica sería desértica. O paramos ya o el 80 por ciento del planeta quedará inhabitable. Un borrador del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que ha sido filtrado a la prensa, habla de consecuencias funestas en el horizonte 2050.

El riesgo de no tener verano en Europa será permanente desde ahora hasta que el hielo del Ártico se funda por completo. ¿Qué impacto tendrá sobre el planeta?

La pérdida de velocidad de la Corriente de Chorro Polar o Jet Stream, que hace de barrera entre la circulación atmosférica de las latitudes polares y la de las latitudes medias, es un hecho. Esa corriente, que depende de la diferencia de temperatura entre el Polo y el Ecuador, se ha vuelto más perezosa y más inestable. Esto provoca cambios bruscos de las condiciones climatológicas como el embolsamiento de aire increíblemente caliente sobre el oeste de Canadá, con temperaturas que han rozado los 50 °C en la recta final del mes de junio. Cuando se derrita todo el hielo del Ártico entraremos en un terreno inexplorado.

La transición energética peligra ante el incremento de la demanda de metales. ¿En qué escenario nos encontramos? ¿Necesitamos un plan B?

Para hacer estos planes hay necesidad de instalar una gran cantidad de sistemas de captación de energía renovables, pero no hay suficientes reservas de algunos de los metales que se precisan para ello. Alicia Valero y su padre Antonio Valero, de la Universidad de Zaragoza, llevan años estudiando el tema. Incluso, la propia Agencia Internacional de la Energía (AIE) sacó un informe sobre estos materiales críticos y recomendó a los países de la OCDE que constituyeran reservas estratégicas para hacer frente a posibles interrupciones del suministro. En definitiva: mejor acaparar ahora estos materiales, no sea que después ya no vengan. Estamos hablando del litio, cobalto, platino, oro, plata, cobre, níquel o manganeso, que se extraen utilizando petróleo. Hoy por hoy nadie es capaz de cerrar el ciclo de las renovables. Pero, además, dentro de veinte o treinta años, cuando acaben su vida útil, no podríamos renovarlos. Es un callejón sin salida. Estoy planteándome presentar un proyecto al Ministerio con alternativas, porque hay mucho conocimiento disperso.

¿Y por dónde pasan esas alternativas?

A principios del siglo XX proliferaban las colonias textiles. Se aprovechaba la fuerza hidráulica de los ríos para producir algo de electricidad, y la fuerza mecánica del agua servía en muchos casos para accionar directamente los telares, con un rendimiento mucho mejor que poner un generador eléctrico en un extremo y un motor eléctrico en el otro. Con este sistema se mantuvieron también fundiciones y otras industrias; en todos los casos, aprovechando la energía de manera más eficiente que si se usase electricidad y, lo que es más importante, generando empleo local y riqueza. Además, es mucho más sostenible al reducir el impacto ambiental. Pero también se puede aprovechar la luz solar para calentar, fundir, transformar; y la biomasa vegetal para obtener reactivos y materiales. Todo esto se puede llevar a cabo, pero a una escala mucho más pequeña. Se trata de vivir a los ritmos marcados por la naturaleza y no por los mercados. Queda mucho trabajo por hacer, pero es urgente. Hay que adaptarse a las características de la energía y no a la inversa.

Teniendo en cuenta la escasez de materiales y de petróleo, ¿los actuales planes sobre el 5G son imposibles de llevar a cabo?

Por supuesto, no llegará a despegar de forma masiva. Y no sólo eso, sino que habrá una drástica reducción de las TICs en los próximos años. De hecho, ya están escaseando los microchips. Su producción requiere cantidades de energía y de materiales colosales. El Estado debería plantearse la puesta en marcha de una fábrica nacional de microchips, con una tecnología de hace 20 o 30 años, para garantizar su suministro y mantener los sistemas de computación. El momento de hacer la inversión es ahora, porque vamos a un escenario muy diferente al que la gente se imagina. Es esto o nada. Los móviles de uso individual acabarán desapareciendo.

“La tentación es decir que la ciencia y la innovación permitirán mejorar la eficiencia en el uso de los materiales, pero no pueden dar eso por asumido porque como no sea así nos estrellamos”, ha subrayado.

No puedes asumir que ocurrirá un milagro, porque te resulte cómodo o conveniente. Un gestor público es irresponsable si no hace nada solo por confiar en la ciencia y la innovación. El llamamiento a la prudencia en estos momentos es clarísimo. Es un discurso infantil dejarlo todo en manos de la tecnociencia, además de estúpido y peligroso. La física es la rama de la ciencia más cercana a la magia, pero nos habla de límites, de barreras que no podemos franquear. Es necesario cuestionar el sistema económico y cambiar el modelo social.

“Un sistema que se basa en un crecimiento acelerado en un planeta finito es absurdo”, ha asegurado sobre el capitalismo. ¿Es factible un cambio de modelo que fluya en armonía con la sostenibilidad?

La sostenibilidad es hacer las cosas de tal manera que tus hijos las puedan seguir haciendo igual. En el fondo se trata de no consumir más recursos de los que la Tierra puede reponer y no generar más residuos de los que es capaz de absorber. Además, la tecnología y el conocimiento del que disponemos nos permitirían hacer bien las cosas en la línea de lo que hacían nuestros abuelos y vivir mejor. Hay que cultivar de otra manera, sin forzar el rendimiento del terreno; utilizar materiales de proximidad en la producción de bienes y servicios que puedan ser reparados, reutilizados o reciclados; cambiar los medios de transporte, apostar por un urbanismo más concentrado… Hay que darle la vuelta como un calcetín y huir de la maximización del beneficio económico. Lo triste es que no hayamos sabido anticiparnos. Nadie tiene una bala de plata, hay que hacer ensayo y error. Razón para empezar cuanto antes.

En ‘Petrocalipsis’ hace un análisis crudo y claro de las «falsas soluciones» que los países están dando al sistema energético actual. ¿Por qué no vamos a ser capaces de revertir la escasez de petróleo?

La producción llegó a su máximo en 2005 y, desde ese momento, con unos 70 millones de barriles diarios, la tendencia es descendente. De 1998 a 2014 se disparó la inversión de las compañías petroleras en busca de nuevos yacimientos, mientras perdían billones al año. Desde el 2014, viendo que estaban perdiendo muchísimo dinero, redujeron drásticamente su inversión, un 60%. La Covid-19 lo ha acelerado. Repsol, que no cree que quede petróleo rentable en el mundo, ha reducido su esfuerzo hasta un 90 por ciento. De hecho, está desmantelando su unidad de explotación y comprando centrales hidroeléctricas. La situación es irreversible. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) asegura en su último informe que, si nadie cambia las condiciones de inversión, la oferta de petróleo estará hasta un 34% por debajo de la demanda de aquí a 2025. Al estilo de la Segunda Guerra Mundial. El 98% del transporte (motos, coches, camiones, aviones, barcos, maquinaria pesada…) utiliza este hidrocarburo.

¿La entrada en vigor de la directiva europea que prohíbe la venta y utilización de plásticos de usar y tirar como las pajitas, los bastoncillos o los platos responde más a un problema de contaminación o de suministro de petróleo?

El problema de contaminación es muy grave, pero la rapidez con la que se ha implementado es un poco sospechosa. Evidentemente, hay una escasez rampante de plásticos. Considero que está poniendo parches, en lugar de hacer cambios estructurales.

En el libro desmonta las alternativas solar y eólica para la transición energética con renovables por considerarlas insostenibles. ¿Apostar por este modelo nos aboca al fracaso?

Las energías renovables tienen muchas limitaciones. La cantidad que se puede aprovechar no es tan grande: del 30 al 40 por ciento de todo lo que se consume. Luego está el problema de los materiales que requieren estos sistemas y su sustitución cuando acaben su vida útil. Y hay una tercera cuestión por la que se pasa muy de puntillas. La electricidad es un vector energético que está estancado alrededor del 23 por ciento. Estamos sobreabastecidos. En España tenemos 108 gigavatios de potencia instalada, cuando el consumo medio anual ronda los 30. Es un bien que no tiene demanda, porque el coche eléctrico es una quimera y los vehículos pesados no se pueden electrificar.

¿Y qué hay del hidrógeno verde, uno de los principales destinos de inversión de los fondos europeos Next Generation?

Es un pésimo vector, porque su rendimiento es del 50 por ciento. Se obtiene haciendo pasar una corriente eléctrica por una cubeta de agua, lo cual rompe la molécula de este líquido (electrólisis) y separa el hidrógeno del oxígeno. El problema es que se necesita consumir electricidad para producirlo y se desperdicia mucha energía en el proceso. La única razón de su protagonismo es que la Unión Europea está buscando el combustible de sustitución para poder mantener la flota de camiones y la maquinaria pesada fundamentalmente. Alemania se ha metido en un proyecto en el río Inga, República Democrática del Congo, que pasa por construir una planta allí y poner en marcha un tren de hidrógeno para transportarlo. Y mientras eso llega quien se lo va a suministrar somos nosotros. Nos vamos a convertir en una colonia energética de Europa si somos así de idiotas y le seguimos el juego. Quieren que seamos su solución provisional.

En este contexto, ya hay macroproyectos en zonas que son reserva de la biosfera. La Plataforma por el Futuro de la Montaña Central Leonesa denuncia que “las multinacionales quieren hipotecar el territorio a cambio de promesas de empleo y dinero». ¿Está de acuerdo?

Como ocurre con el proyecto que se quiere desarrollar en la Bahía de Rosas, estamos hablando de lugares donde el impacto sobre los ecosistemas y la biodiversidad es enorme. El destrozo que se puede causar es muy difícil de reparar. Además, estamos hablando de un tema de soberanía alimentaria al quitar tierras de cultivo. Es un atropello, pan para hoy y hambre para mañana. Se está imponiendo un modelo de sobreexplotación con la intención de mantener la maquinaria industrial en marcha.

Sostiene que el uso masivo de vehículos eléctricos es una quimera. Entre otros aspectos, por la escasez de minerales como el litio que alimentan las baterías. ¿El coche será solo para los ricos? ¿Por dónde pasa el futuro de la movilidad?

Desde luego. Los coches que sobrevivan serán de motor de combustión interna y sus propietarios, de clases altas, pagarán las tasas correspondientes por tenerlos. Tendremos que irnos a opciones de transporte público y colectivo, compartir desplazamientos o, simplemente, movernos menos. Esto en una provincia como León, con un elevado número de poblaciones geográficamente dispersas, puede tener consecuencias bastante tremendas.

¿No tendría sentido concentrar los esfuerzos en ver cómo aprovechar la electricidad más que en producir más?

Está claro. Tendríamos que ver cómo aprovechar la energía renovable de manera no eléctrica. Por ejemplo, en una comunidad de vecinos tiene mucho más sentido producir agua caliente en la azotea que poner una placa fotovoltaica. El rendimiento energético es mucho más alto y la tecnología mucho más sencilla.

Rechaza la fractura hidráulica por considerarla una “burbuja especulativa”. ¿Cuáles son sus consecuencias sobre el medio ambiente y la salud de las personas?

La industria petrolera de perforación hidráulica o ‘fracking’ ha sido el último intento desesperado de mantener los hidrocarburos líquidos. Ha provocado quiebras multimillonarias con el fin de la era Trump. Su bajo rendimiento económico y sus consecuencias medioambientales -al contaminar los acuíferos y conllevar un gasto de agua enorme- lo han convertido en un fiasco.

¿Hemos aprendido algo con esta pandemia?

Ha sido una especie de ensayo general para lo que viene. No creo que haya sido nada orquestado, el planeta está enfermo y nosotros enfermamos con él. La población occidental es bastante sumisa y creo que esto hará más fácil la implantación de medidas drásticas en el futuro. Desde enero de 2010, cuando di la primera charla de divulgación en la sede de la Obra Social de Caja España, he notado un incremento del interés de la gente por si el mundo está funcionando de la mejor de las maneras posibles. Se cuestiona cosas que antes no se cuestionaba.

El test de Antonio

Una ciudad_Madrid
Un rincón de su ciudad_Plaza Mayor de Madrid
Una comida_Pan tumaca
Un lugar para perderse_Paraje Natural de La Albera (Gerona)
Un colega de profesión para salir de cañas_Andrea Donini
Un deporte_Natación
Un vicio (confesable)_Los videojuegos
Su mayor defecto_Soy muy pesado
Su mayor virtud_Me gusta escuchar a la gente
Le gustaría parecerse a_Cualquiera que sea mejor persona que yo
Un grupo musical o cantante_Los Beatles

Un libro_El Señor de los Anillos
Un medio de transporte_El tren